Se está hablando muchísimo estos días de las nuevas directrices de la Sociedad Norteamericana de Hematología, que suben el umbral para diagnosticar deficiencia de hierro en adultos mediante la ferritina sérica (antes ≤15 ng/mL, ahora ≤30 ng/mL). Así si uno de nuestros pacientes tenía ayer una ferritina de 25 ng/mL, pues no considerábamos que presentara deficiencia de hierro. Hoy, sin embargo, se irá a casa con dicho diagnóstico en un papelito y probablemente un fármaco bajo el brazo.

Se está hablando mucho, digo, pero casi nadie nos explica que en estas directrices leemos «recomendación condicional basada en una certeza baja en la evidencia». La cita exacta es esta:

«En la población adulta (excluyendo a las personas menstruantes o embarazadas), el Panel de Directrices de la ASH sugiere utilizar un umbral de ferritina sérica de ≤30 ng/mL en lugar de ≤15 ng/mL para el diagnóstico de deficiencia de hierro (recomendación condicional basada en la baja certeza de la evidencia sobre los efectos)» («In the adult population (excluding menstruating or pregnant individuals), the ASH Guideline Panel suggests using a serum ferritin threshold of ≤30 ng/mL instead of ≤15 ng/mL for the diagnosis of iron deficiency (conditional recommendation based on low certainty in the evidence about effects)»).

Esto es muy relevante, porque tomar una «certeza baja» para ampliar este umbral reclasifica de un plumazo a millones de adultos sanos como potenciales «pacientes con deficiencia de hierro», y abre la puerta a un consumo masivo de fármacos, por no hablar del posible alud de pruebas médicas sin una certeza científica clara.

Todo lo anterior supondrá, seguro, un negocio redondo para laboratorios y farmacéuticas, pero no queda tan claro el beneficio para la población, que quedará expuesta a posibles efectos adversos tanto por sobrediagnóstico como por medicalización (no olvidemos que suplementar con hierro no está exento de posibles efectos secundarios).

Se me ocurre, además, que no pocos sanitarios aconsejarán a sus pacientes que afronten su supuesta deficiencia de hierro aumentando el consumo de carne roja. Algo que no sólo no tiene sentido (ninguna dieta revierte la anemia, por más rica en carne que sea, como justifiqué en el texto «Come vegetales sin miedo a la anemia (y comer carne no revierte la anemia)«), sino que puede elevar el riesgo de morbimortalidad de la población (Tidsskr Nor Laegeforen. 2020 Jun 24;140(10)).

Detallo todo lo anterior porque en los muchos reportes que he leído sobre estas nuevas directrices (no exentas de potenciales conflictos de interés, por cierto) se suele omitir algo crucial: no debemos tomar este nuevo umbral como una verdad absoluta basada en evidencias científicas incontestables.

Y es que el principio de precaución (he hablado de él varias veces) no es «tratemos por si acaso» con base en indicios débiles, sino más bien  «evitemos medicalizar a millones de personas sanas», sobre todo si las pruebas de los posibles beneficios de dicha medicalización son de baja calidad.

Aquí tenéis las nuevas directrices:

Powers JM et al. American Society of Hematology 2026 guidelines for diagnosis of iron deficiency. Blood Adv. 2026 Aug 24:bloodadvances.2025015950. Epub ahead of print. Abstract: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42747316/; Full text: https://watermark02.silverchair.com/bloodadvances.2025015950.pdf

Y aquí las entradas de este blog en las que he hablado sobre la anemia ferropénica: https://juliobasulto.com/tag/anemia/

 

 

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