Julio Basulto (@JulioBasulto_DN), 22 de febrero de 2016

He puesto “Red Bull” en el título como podría haber puesto “Monster”, “Burn” o cualquier otra marca comercial. En cuanto a los “jamacucos”, pues sobre todo es un reclamo para que más personas lean este texto. Si esas personas son adolescentes, me alegraré mucho, porque toman muchas bebidas “energéticas” y porque en bastantes ocasiones las mezclan con alcohol. A mí la compañía Red Bull me puede llevar a juicio (¿cómo creen que le sentará mi titular?). Sin embargo, a un adolescente le puede dar un jamacuco de difícil pronóstico a causa de la combinación bebida “energética”-alcohol.

Sobre “jamacucos” y bebidas “energéticas”

Para empezar, no sé si son conscientes de que la palabra “jamacuco”, además de divertidísima, es de lo más polisémica. Para el diccionario de la Real Academia, un jamacuco es una “Indisposición pasajera”. Pero como la RAE indica que es un vocablo de uso coloquial, resulta imprescindible acudir al (muy recomendable) diccionario de argot de Julia Sanmartín Sáez (Espasa, 2006), que define “jamacuco” como “estado nervioso”, algo que cuadra bastante con lo que puede ocurrir al tomar bebidas con mucha cafeína, como es el caso de las bebidas “energéticas”. Google, por su parte, define esta palabra como “Malestar o enfermedad de carácter súbito o fuerte”, mientras que para el Wikcionario es una “alteración repentina de los nervios o del comportamiento propio de un individuo”. Por último, Fernando Iwasaki (escritor, investigador, docente, filólogo e historiador peruano), asegura que la Sociedad Española de Neurología entiende que la voz “jamacuco” podemos usarla como sinónimo de apoplejía, embolia, ictus, trombosis, o de “otros traumatismos de la fisiopatología cerebrovascular”. Lo explicó en su texto “Jamacuco ethymologicarum”. Para Iwasaki la sinonimia de jamacuco abarca “un telele, una cogorza, un infarto, un cólico, un golpe o una cumbre borrachosa”.

Dicho esto, quiero dejar claro que cuando los dietistas-nutricionistas escuchamos o leemos la acepción “Bebida energética” nos da un espasmo seguido de una indisposición transitoria, o, mejor dicho, un jamacuco (un día le dedicaré una de las caras de la “saga” #CaraQuePonemosLosNutricionistasCuando) Y es que pese a que a lo que insinúa tanto la denominación comercial (“bebida energética”) como el marketing de estos mejunjes, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no permite, desde 2011, que sus fabricantes les atribuyan ni la capacidad de “energizar” ni tampoco la capacidad de: mejorar el rendimiento mental, el tiempo de reacción, la alerta o la memoria. Si han leído los seis textos de la serie que el abogado Francisco Ojuelos y yo escribimos sobre “La regulación de la publicidad de alimentos: un estriptís por entregas”, no les sorprenderán esta clase de incongruencias.

Lo mejor es evitarlas, pero sobre todo en el caso de embarazadas, niños o adolescentes

En mi opinión, todos deberíamos tomar la menor cantidad posible de cualquier bebida azucarada (y una bebida “energética” lo es), según justifiqué en el texto “Evitar las bebidas azucaradas (“refrescos”), prioridad mundial”. En el caso de las bebidas “energéticas” (ejem), estoy bastante convencido de que no tomarlas bajo ningún concepto es lo más sensato. Pero más todavía en embarazadas, niños o adolescentes. Estos últimos son precisamente el público diana de sus inteligentísimas campañas publicitarias. (Front Public Health. 2014 Oct 14;2:134).

Una prueba de que dichas campañas son inteligentes me la explicó hace poco el pediatra Carlos Casabona, autor del muy recomendable libro “Tú eliges lo que comes”. Carlos me preguntó: ¿sabes por qué en las latas de estos productos se indica que no son aptas para “niños”, en vez de indicar que no son aptas para “menores de edad”? Porque el objetivo de un adolescente suele ser salir de la niñez, para hacerse adulto. Así, el consumo de estas latas hace sentir al adolescente más mayor. Es una estrategia que me recuerda a las usadas por las grandes tabacaleras (no se pierdan el texto “La publicidad del tabaco y los adolescentes”, de la doctora Maria-Consiglia Mosella en este enlace que ofrece Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo). El caso es que existen datos que revelan que el 68% de los adolescentes toma estos brebajes casi a diario. Muchos de ellos, por desgracia, los combinan con bebidas alcohólicas (nuestros hijos empiezan a beber alcohol a los 13,9 años, y uno de cada cuatro menores de 14 años ha hecho “botellón” como mínimo una vez).

Alcohol y bebida “energética”, pésima y espantosa combinación

¿Por qué es tan peligroso combinar estas bebidas con alcohol? Porque la elevadísima cantidad de cafeína de los potingues “energéticos” enmascara los síntomas de haber tomado mucho alcohol (efectos depresores del alcohol sobre el sistema nervioso central) y demora su aparición. Como el individuo no se encuentra mal, porque los efectos negativos del alcohol se han camuflado por el jamacuco (estado nervioso, según Julia Sanmartín, como ya hemos visto) generado por ingesta de cafeína, es probable que dicho individuo siga consumiendo bebidas alcohólicas, y eso es potencialmente letal. Quien mezcla alcohol con estas bebidas (no lo haga, por favor) es mucho más propenso a beber en exceso, y ello le predispone a sufrir una intoxicación etílica. Algo cada vez más frecuente. Por desgracia.

Hay muchos estudios sobre esta cuestión, pero me gusta especialmente uno de la doctora Cecile Marczinski, una autoridad en el tema, según queda claro aquí. Lo publicó en Advances in Nutrition en enero de 2015, y lo tituló así “¿Pueden las bebidas energéticas aumentar el deseo de tomar más alcohol?”. Tienen el texto completo del artículo en este enlace, pero resumo un fragmento de sus conclusiones:

“Las bebidas energéticas que contienen cafeína son unos nuevos productos, controvertidos en parte debido a que con frecuencia se mezclan con alcohol. Los riesgos inmediatos y a largo plazo del consumo de alcohol parecen elevarse cuando el alcohol se mezcla con bebidas energéticas. Estos riesgos incluyen el consumo excesivo de alcohol, la intoxicación etílica, y la necesidad de tratamiento médico a causa del consumo de alcohol. Los investigadores que examinan el uso de alcohol en combinación con bebidas energéticas han argumentado ampliamente que su uso es arriesgado porque los consumidores no perciben bien su nivel de intoxicación, lo que contribuye a accidentes y lesiones mientras se consumen estas bebidas. […] [Esta combinación también] puede generar un trastorno de dependencia del alcohol. Mantener el consumo de alcohol dentro de un rango moderado parece ser más difícil para los consumidores cuando se combina con bebidas energéticas. [Esto es más preocupante en menores de edad porque] no tienen experiencia con el consumo de alcohol y tendrán dificultades para mantener la ingesta alcohólica en un rango moderado. Además, el cerebro de los adolescentes está todavía en fase de desarrollo estructural, lo que les hace especialmente sensibles a los efectos neurotóxicos de alcohol”. Amén.

La opinión de la doctora Cecile Marczinski coincide bastante con las recomendaciones del Comité Científico Asesor de Seguridad Alimentaria de la Agencia de Salud Pública de Catalunya (ASPCAT) (Generalitat de Catalunya).

Héroes anónimos

No quiero terminar este texto sin dejar de agradecer a los propietarios de muchas tiendas de alimentación, normalmente pequeños negocios, que deciden no tener ninguna clase de estas bebidas en su local. Lo digo porque conozco varios establecimientos (y seguro que hay muchos más) que han tomado esta decisión después de comprobar que muchos adolescentes compraban bebidas “energéticas” a menudo. Los dueños de estas tiendas pierden dinero y pierden clientes, pero miles de niños ganan en prevención de enfermedades. En nombre de la salud de esos niños, gracias.

Nota: Muy agradecido, también, al abogado Francisco Ojuelos por su ayuda con este artículo (y por muchas cosas más…).

He escrito en otras ocasiones sobre bebidas “energéticas”:

Diez perjuicios de las bebidas energéticas en niños

¿Quiere averiar la salud de su hijo? Ponga a su alcance bebidas “energéticas

Entrevista en Ser Consumidor sobre bebidas energéticas

¿Por qué Suecia vende las “bebidas energéticas” (ejem) en las farmacias?

 

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