Nota: este texto apareció (aunque sin las referencias bibliográficas
[que he añadido ahora]) en el suplemento “Muy Saludable” nº 7, junio de 2016 de la revista Muy Interesante (páginas 76-77 de la revista Muy Interesante (la razón por la que he dejado de colaborar con esta revista, aquí). He actualizado el texto en fecha 21 de marzo de 2018 añadiendo algunos datos más sobre el tema.
Publicado con autorización.

Probióticos, ¿cuán saludable puede ser una bacteria?

La fama de las bacterias probióticas comenzó en 1965, gracias a una investigación que Lilly y Stillwell publicaron en Science (Science. 1965;147(3659):747-8), pero las consumimos desde hace milenios. Pero no mediante pastillas, sobres o viales, impensables para nuestros antepasados, sino a través de la lactancia materna (Br J Nutr. 2007 Oct;98 Suppl 1:S96-100):  de entre los centenares de compuestos presentes en la leche humana encontramos probióticos (Br J Nutr. 2014 Oct 14;112(7):1119-28). Hablé de ello en el texto “Lactancia materna: deliciosa conexión entre la inmunidad de la madre y la del bebé”.

Sea como fuere, el término probiótico proviene del latín “pro” (a favor de) y del griego “bios” (vida), y Lilly y Stillwell quisieron contraponerlo al vocablo “antibiótico”, dado que pensaban que los probióticos eran sustancias secretadas por un microorganismo que estimulaban el crecimiento de otros microorganismos.

¿Qué es (de verdad de la buena) un probiótico?

La definición más consensuada de “probióticos” es la que publicaron Colin Hill y sus colaboradores en agosto de 2014: “microorganismos vivos que, al ser administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped”. Al no estar vivos los microorganismos presentes en productos que presumen de tener efectos probióticos, como ciertos champús, desinfectantes o espumas para después del afeitado, debemos entender que son engañosos (Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2014 Aug;11(8):506-14).  Pero si el microorganismo está vivo y es posible que, ingerido en una cantidad suficiente, ejerza beneficios en nuestra salud, estamos ante un probiótico. Los más estudiados son distintos tipos de bifidobacterias, lactobacilos y estreptococos. Lo que nos lleva al yogur.

El yogur

El yogur es como una “conserva” de leche fresca. Surgió del contacto de la leche con ciertas bacterias presentes en los sacos de piel de cabra en que se transportaba. Dos bacterias originan el yogur: Streptococcus thermophilus y Lactobacillus delbrueckii subsp. Bulgaricus. Se cree que pueden beneficiar a nuestra microflora intestinal, pero las investigaciones no son concluyentes. Sí está bastante claro que el yogur puede ser útil para personas con intolerancia a la lactosa, un problema digestivo muy común en el que existen dificultades para digerir la lactosa, el azúcar de los lácteos (Nutr Hosp. 2013 Nov 1;28(6):2039-89). De todas maneras, hay personas muy sensibles a la lactosa en las que conviene probar primero la tolerancia individual.

Miles de investigaciones…y no todas a favor.

Más de 16.000 investigaciones han intentado dilucidar si las bacterias probióticas ejercen beneficios constatables en nuestra salud (estrategia de búsqueda en PubMed: *probiotic* AND (“1965/01/01″[PDAT] : “2017/12/31″[PDAT]). En enero de 2016, NHS Choices, el mayor portal de salud del Reino Unido, las revisó a fondo, para separar la paja del grano y permitirnos tomar decisiones bien informadas. Coincidió en que el yogur puede ser beneficioso para la intolerancia a la lactosa, y añadió que es posible que ciertas cepas de bacterias probióticas mitiguen algunos de los síntomas del síndrome del colon irritable o de la colitis ulcerosa, aunque, en sus palabras “hacen falta más estudios para recomendar probióticos como un tratamiento efectivo”. Tampoco recomienda el tratamiento rutinario con probióticos en bebés prematuros con riesgo de enterocolitis necrosante (muerte del tejido intestinal), pese a que reconoce que en muchos casos será útil (Cochrane Database Syst Rev. 2014 Apr 10;(4):CD005496). Por último, duda de la utilidad de ingerir probióticos para prevenir o para tratar el eccema.

La falta de optimismo de NHS Choices con respecto a los probióticos está justificada también en algunas investigaciones, como la de Rijkers y colaboradores (Br J Nutr. 2011 Nov;106(9):1291-6) o la revisión sistemática de ensayos controlados aleatorizados de Kristensen y colaboradores (Genome Med. 2016 May 10;8(1):52), que concluye que “no hay evidencias que muestren un impacto de los probióticos en la composición de la microbiota fecal en adultos sanos”. En todo caso, hay excepciones, como es el caso de la diarrea causada por antibióticos en niños, como se amplía más adelante.

¿Probióticos para las mastitis?

En muchas ocasiones se pautan probióticos a madres lactantes que padecen mastitis. Una praxis injustificada, como indica con mucho criterio el Dr. José María Paricio Talayero (en Twitter: @jmparicio). Por una parte, en un artículo publicado en octubre de 2017 en el blog de APILAM, y titulado “Cultivo sistemático de leche materna ante sospecha de mastitis: una mala praxis clínica“, apunta lo siguiente:

  • “[…] No hay ninguna prueba fidedigna publicada de que [los probióticos] sirvan para lo que dicen servir”.

El Dr. Paricio amplió esta cuestión en la ponencia que impartió en el IX Congreso Español de Lactancia Materna, Zaragoza 2017 (en el que tuve el honor de participar hablando de “Controversias (reales y ficticias) sobre alimentación complementaria“). En su texto, titulado “Diagnóstico y manejo de la mastitis en la madre lactante. Actualización“, el Dr. Paricio detalla estas consideraciones:

  • A día de hoy, las pocas pruebas científicas de que disponemos sobre la eficacia de la utilización de lactobacilos aislados de leche materna (L. salivarius, L. fermentum, L. reuteri) y péptidos producidos por los mismos, como la nisina, en la prevención y el tratamiento de las mastitis o el dolor mamario, se basan en trabajos realizados por un único equipo de investigación en España. (Arroyo 2010, Fernández 2014).
  • Es necesario realizar más estudios sobre su eficacia y su relación coste-beneficio para conocer el verdadero papel de los probióticos en el tratamiento de las mastitis o el dolor mamario. (Amir 2014). Por el momento no hay pruebas científicas válidas de que el uso de probióticos sea eficaz para tratar mastitis o dolor mamario en las mujeres (Amir 2014, Baeza 2015, Espinola 2016, Amir 2016)
  •  Su  uso indiscriminado puede retrasar la instauración de otros tratamientos eficaces, además de resultar oneroso económicamente. (Amir 2016)
  • No hay pruebas suficientes de la efectividad y relación coste-beneficio de los probióticos en el tratamiento y prevención de la mastitis.

Opinan de manera similar Lisa H. Amir,Laura Griffin, Meabh Cullinane y Suzanne M. Garland, quienes detallaron el 21 de julio de 2016 en la revista International Breastfeeding Journal que hacen falta estudios de mejor calidad que los actualmente disponibles antes de prescribir alegremente probióticos a las mujeres que padecen mastitis (Int Breastfeed J. 2016 Jul 21;11:19.). El título de su trabajo habla por sí solo: “Probióticos y mastitis: ¿marketing basado en la evidencia?” No olvidemos, tal y como detallé en el texto “Complementos alimenticios: ¿qué les decimos a nuestros pacientes?“, que a los complementos alimenticios (como es el caso de los probióticos) no se les exigen, antes de su comercialización, las mismas garantías que precisan cumplir los medicamentos (y eso no significa que el Dr. Paricio o un servidor estemos a favor de la medicalización). Tienen más información sobre los estudios de probióticos contra la mastitis en las respuestas de Eduard Baladia a Alex Mira en este link.

¿Yogur en la vaginosis bacteriana?

La vaginosis bacteriana es la infección de la vagina más común en las mujeres de entre 15 y 44 años. Aunque no está claro qué la causa, sí sabemos que se asocia a un desequilibrio entre las bacterias “buenas” y las “dañinas” de la vagina. Quizá porque a veces desaparece sin tratamiento, muchas mujeres creen que ciertas terapias alternativas son las responsables de la remisión de la enfermedad, es decir, confunden “casualidad” con “causalidad” (que dos hechos sucedan a la vez no prueba que uno influya en el otro). De entre los muchos enfoques alternativos propuestos para abordar la vaginosis bacteriana, uno de los más famosos es recurrir a los probióticos, tanto ingeridos, como aplicados directamente en la vagina (Ej.: yogur). Sin embargo, el servicio NHS Choices, antes citado, concluye que “los probióticos no pueden ser recomendados para las afecciones de la vagina”. Amplié este tema en el artículo “¿Yogur (o probióticos) para la vaginosis bacteriana? Sin pruebas convincentes“.

¿Probióticos para la obesidad?

En diciembre de 2017 dediqué un texto a los probióticos en “Nutrir con ciencia” el apartado de nutrición de Materia, la sección de ciencia de El País. En mi artículo, titulado “¿Probióticos para la obesidad? Beneficios dudosos, riesgos posibles“, expliqué que no es recomendable confiar en los probióticos para perder peso, porque “la magnitud de los efectos observados es pequeña” y porque “no se constataron efectos beneficiosos significativos sobre la masa grasa, que es precisamente lo que más interesa que pierdan las personas con obesidad”. Incluí las declaraciones de una importante investigadora en este campo, la doctora Heidi Borgeraas: “No contaría con los probióticos para perder peso”. En mi escrito justifiqué que los probióticos no se someten a las pruebas rigurosas que se exigen a los medicamentos y que en muchos casos ni siquiera sabemos si el producto que hemos comprado contiene las bacterias indicadas en la etiqueta.

¿Su hijo tiene diarrea por un antibiótico? Quizá su médico le sugiera tomar probióticos.

Los antibióticos, además de aniquilar bacterias peligrosas, también pueden destruir algunas bacterias protectoras de nuestro intestino. Ello incrementa el riesgo de que padezcamos infecciones como la que produce el Clostridium difficile, un microorganismo que puede causar diarreas y cuadros intestinales graves. En diciembre de 2015, una investigación publicada en la revista The Cochrane database of systematic reviews mostró que existen suficientes evidencias científicas como para afirmar que dosis controladas de las bacterias probióticas Lactobacillus rhamnosus o Saccharomyces boulardii pueden prevenir la diarrea en niños asociada al consumo de antibióticos, sin generar efectos adversos. No obstante, su uso debe evitarse en niños cuyo sistema inmunitario esté severamente comprometido (Cochrane Database Syst Rev. 2015 Dec 22;(12):CD004827).

¿Y en el resto de dolencias?

La doctora Elizabeth A. Parker y su equipo han estudiado a fondo este asunto en enero de 2018 (Nutrition. 2018 Jan;45:125-134.e11). Tras analizar las revisiones sistemáticas publicadas por Cochrane, concluyen que los probióticos podrían ejercer efectos beneficiosos en las diarreas y en síntomas gastrointestinales relacionados. Sin embargo, añaden que antes de recomendarlos se deben resolver “important issues” (cuestiones importantes). Indican algo que ya he señalado más arriba: que los probióticos disponibles no nos aportan las garantías que se exigen a los medicamentos, por lo que el efecto observado en las investigaciones es posible que no se produzca en el “mundo real”.

CONSEJOS

Si su salud es delicada, consulte al médico antes de tomar probióticos.

Como todo tratamiento sanitario, el consumo de probióticos tiene pros y contras. De entre las preocupaciones que los científicos expresan ante el actual uso masivo de probióticos (que no precisan receta médica) está su utilización por parte de personas con un sistema inmunitario débil o comprometido (Ej.: personas con VIH o en tratamiento para el cáncer –BMC Med Ethics. 2012 Oct 30;13:28-), porque pueden generar serios efectos adversos. El National Institutes of Health de Estados Unidos también los desaconseja en pacientes en estado grave, en cualquier postoperatorio o en bebés muy enfermos. Quiero repetir que en los productos no clasificados como “fármacos” no siempre encontramos lo que declara la etiqueta (Can Fam Physician. 2004 Apr;50:583-7; Can Fam Physician. 2004 Dec;50:1640Planta Med. 2015 Jun;81(9):687-95). Abordé el asunto en el texto “Riesgos para la salud de los ‘alimentos funcionales”.

Tomar probióticos no compensa unos buenos hábitos.

El mercado de los probióticos ascendía a 28.000 millones de dólares en 2011 y alcanzará los 45.000 millones en 2018 (Nutraceuticals World 2014; Mother Jones, 2014) . Así, hoy existen importantes intereses que persiguen convencernos de las bondades de estos productos. Pese a ello, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no permite acompañar los probióticos de declaraciones que sugieran mejoras en el sistema inmunitario, por falta de pruebas fiables (NHS Choices, 2016; Br J Nutr. 2011 Nov;106(9):1291-6). Proteger dicho sistema pasa por seguir una dieta sana, hacer ejercicio (CMAJ. 2006 Mar 14;174(6):801-9), dejar de fumar, disminuir el consumo de alcohol (Br J Nutr. 2002 Nov;88 Suppl 2:S165-77), amamantar a los bebés y lavarse a menudo las manos (CMAJ. 2014 Feb 18;186(3):190-9).

Si les interesa el tema, les sugiero leer el texto “Primavera, inmunidad y nutrición ¿pueden congeniar?“.

 

P.D. Muchísimas gracias a Empar Chenoll (@machecua) por avisarme de unas cuantas erratas en el texto (¡mea culpa!).

P.D.2. He vuelto a hablar de probióticos en el texto “¿Probióticos para la obesidad? Beneficios dudosos, riesgos posibles (artículo para El País)“.

 

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