Nota: En este, como en casi todos los artículos de este blog, voy añadiendo posdatas con el paso del tiempo… así que os animo a leerlas.

Tengo varias tareas pendientes, por lo que seré breve.  Ayer, 17 de mayo de 2017, decenas de medios de comunicación presentaron titulares como los que siguen:

No sigo, aunque hay varios más. Vamos a ver, ¿tanto cuesta consultar a un profesional sanitario mínimamente entendido en nutrición (mejor un nutricionista, claro, pero es que en este caso no hace falta, de lo obvio que es el asunto) antes de confundir a toda la población con semejante titular? No, nadie, ni un bebé ni un adulto ha muerto o morirá por eliminar el gluten de la dieta. Entonces, ¿por qué murió el niño? Si leemos un poco más en los artículos arriba citados, veremos que los padres supuestamente alimentaron a su bebé con una «dieta alternativa basada en la leche de quinoa». Desde luego, eso es mucho, muchísimo más factible como posible causa del fallecimiento (si es que fue esa la causa, porque si ya meten la pata con el titular, las posibilidades de que el resto tampoco sea cierto son bastante elevadas). Lo digo porque sabemos que la fuente principal de nutrientes y calorías durante el primer año de vida de un bebé conviene que sea la leche materna (o, en su defecto, una leche de fórmula). Lo expliqué en el texto «La diferencia entre ropa y complementos«, pero lo explica mejor la Agència de Salut Pública de Catalunya en su texto «Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia (de 0 a 3 años)«:

«La leche materna o, en caso de que no sea posible, la leche adaptada, cubre todas las necesidades nutricionales del niño hasta los 6 meses. A partir de esta edad, la leche

[materna o adaptada] tiene que seguir siendo la principal fuente nutritiva durante el primer año de vida del niño, con la incorporación y complementación de otros alimentos […]».

El bebé fallecido (insisto, si es que es cierto lo que rezan los medios arriba citados), no recibía ni leche materna ni leche adaptada, sino un mejunje nada nutritivo ni mucho menos adaptado a las delicadas necesidades alimenticias a esta edad. Eso es mucho más probable que ponga en riesgo la salud del bebé, no el hecho de tomar o dejar de tomar gluten. Como ya he indicado, por cuestiones de tiempo no puedo extenderme más, pero sí quiero comentar que de igual manera que no es tolerable la actual moda de atribuir al gluten todos los males del universo (hablé de ello en el artículo «Trigo, ¿un veneno cotidiano?«), tampoco es permisible insinuar que el gluten es un nutriente imprescindible. No lo es. Es una proteína peligrosa para personas con un correcto diagnóstico de enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten no celíaca, nada más.

Les dejo con un texto casi premonitorio que escribimos la periodista Laura Caorsi y yo en octubre de 2013: «Consejos nutricionales en los diarios, ¿son fiables?«.

 

P.D. Tras compartir esta entrada, el servidor «cayó», y mientras se restablecía me decidí a explicar en dos minutos el contenido de esta entrada en mi cuenta de Youtube…así que ahí va: https://www.youtube.com/watch?v=jrbM1j4wTOk&index=38&list=PLDMCnyITLQnyxpBQot4BGsM5pWTLlYoZe

 

Posdata (19 de agosto de 2026): Una interesantísima investigación publicada en septiembre de 2025 ha comparado los efectos del trigo, del gluten y un placebo en adultos con Síndrome del Intestino Irritable. Los resultados han mostrado que el empeoramiento de los síntomas es similar al consumir trigo, gluten o el placebo sin gluten ni trigo. Es decir, no se registraron diferencias estadísticamente significativas entre la ingesta real de trigo o gluten y el control falso. El estudio demuestra que las expectativas del paciente (efecto nocebo) desempeñan un papel clave en la aparición de molestias. Los autores concluyen que es necesario desestigmatizar el trigo y reservar las dietas restrictivas sólo para quienes realmente se beneficien de ellas. Fuente: Seiler CL et al. Effect of gluten and wheat on symptoms and behaviours in adults with irritable bowel syndrome: a single-centre, randomised, double-blind, sham-controlled crossover trial. Lancet Gastroenterol Hepatol. 2025 Sep;10(9):794-805 (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40706614/).

 

Posdata 2 (19 de agosto de 2026): Quiero compartir un dato que aparece en un muy necesario trabajo publicado en Lancet en noviembre del año pasado. Aunque está centrado en la sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC), también denominada sensibilidad al gluten, sobre todo la dificultad en su diagnóstico certero (por la ausencia de biomarcadores, la importante superposición con trastornos de la interacción intestino-cerebro y las dificultades metodológicas en la evaluación dietética), en él hallamos este revelador dato: aunque aproximadamente el 10% de los adultos en todo el mundo informan tener sensibilidad al gluten o al trigo, lo cierto es que los sólo entre el 16% y el 30% de estas personas presentan síntomas desencadenados específicamente por el gluten. Así, entre el 70% y el 84% de las personas que dicen tener síntomas por el gluten en realidad no reaccionan a él. Fuente: Biesiekierski JR, et al. Non-coeliac gluten sensitivity. Lancet. 2025 Nov 22;406(10518):2494-2508 (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41138740/).

 

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