¿Qué tiene de malo afirmar que la manzana es saludable? Pues creo que nada, la verdad…aunque soy más partidario de dejar de comer peor que en esforzarnos en comer mejor. Pero decir que la manzana frena el crecimiento de las células cancerígenas es pasarse de frenada. Es la última recomendación infundada de Odile Fernández.

Soy consciente de que como Odile es una persona famosa, cuanto más critico sus errores flagrantes, más gente me insulta, a más gente le parezco un talibán, a más gente decepciono, más seguidores pierdo en mis redes sociales y a más gente bloqueo el acceso a tales redes. Explica Manolo García en su preciosa canción “Del bosque de tu alegría” que cierto día “aprendí a soportar solo lo soportable”. Yo también lo aprendí, como detallé en este hilo de Twitter:

 

Pese a que, como digo, gano la animadversión de bastante gente cada vez que muestro los desaciertos de Odile Fernández, soy fiel seguidor de esta frase que encontramos en el libro “El olvido que seremos”, de Héctor Abad Faciolince (libro que, por cierto, comenté en este humilde blog):

“Saber que estamos contribuyendo a hacer un mundo mejor, debe ser la máxima de las aspiraciones humanas”.

Señalo sus errores porque pueden poner en serio riesgo a las personas que padecen cáncer, como justifiqué en el vídeo y texto que encontraréis en este link: “Mis (descabelladas) recetas anticáncer, en El Escéptico”.

 

Vayamos a la frasecita de la manzana y el cáncer. Está en una entrada que publicó el pasado domingo 8 de abril en su página web. La entrada se titula “Frutas contra el cáncer“. No tengo tiempo de desmentir las muchas falacias que ahí aparecen, pero creo que hay una que es particularmente flagrante. Aquí la tienen:

“Las manzanas presentan actividad anticáncer y actúan frenando el crecimiento de las células tumorales”.

Es posible que Odile borre la frase después de que yo publique este artículo. Lo digo porque no sería la primera vez que esto ocurre. Denuncié en mi ponencia “Mis (descabelladas) recetas anticáncer” (aquí la justificación bibliográfica de mis afirmaciones) que en el blog de Odile encontrábamos un post titulado “Allan Taylor, un abuelo de 78 años se cura de un cáncer terminal solo con una dieta anticáncer”. Estaba allí desde el 21 de septiembre de 2012 pero desapareció muy poco después de mi disertación, que tuvo lugar en el Hospital de La Paz de Madrid el 18 de febrero de 2017 en un evento (@T_peligrosas) coorganizado por ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (@escepticos) y Fisioterapia Sin Red (@FisioSinRed) . Por si alguien piensa que me lo inventé, encontrarán la prueba de que no es así en web.archive.org: https://web.archive.org/web/20160731160659/http://www.misrecetasanticancer.com/2012/09/allan-taylorun-abuelo-de-78-anos-se.html

Como puede ser que Odile borre la frase, digo, adjunto debajo de estas líneas una captura de pantalla de lo que aparece ahora mismo en su web:

 

odilemanzanaanticáncer

Tras leer la frase (repito, “Las manzanas presentan actividad anticáncer y actúan frenando el crecimiento de las células tumorales”), debemos preguntarnos lo siguiente: ¿Actividad anticáncer, dice? ¿Actúan frenando el crecimiento de las células tumorales dice? Y también debemos recordar la máxima que popularizó Carl Sagan: “Las afirmaciones extraordinarias exigen pruebas extraordinarias”.

Porque, ¿dónde están tales evidencias extraordinarias? En el texto de Odile solo aparece el enlace a un estudio. ¿Justificará dicho estudio la extraordinaria capacidad de la manzana de frenar “el crecimiento de las células tumorales”? Pues no. El estudio (Appetite. 2007 Jan;48(1):114-8) consistió en pedir a 46 niños sanos y 16 adultos también sanos que clasificaran una lista de 70 alimentos como saludables o como insanos. Vamos, que ni en sueños podemos colegir a partir de ese estudio que la manzana es anticancerígena.

Me he tomado la molestia de evaluar si podemos afirmar que la manzana es anticancerosa. Pero antes de desvelarles lo que he encontrado, quiero mencionar el (vigente) Real Decreto 1907/1996, de 2 de agosto, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria. En él leemos que:

[…] queda prohibida cualquier clase de publicidad o promoción directa o indirecta, masiva o individualizada, de productos, materiales, sustancias, energías o métodos con pretendida finalidad sanitaria […] que se destinen a la prevención, tratamiento o curación de enfermedades transmisibles, cáncer y otras enfermedades tumorales […]”.

Nada que añadir. Bueno, sí, que no dejen de leer las tres veces (que yo sepa) en las que el abogado Francisco José Ojuelos (@fojuelosdotcom) ha hablado en su blog (Crítica Procesal) de este Real Decreto y de otro no menos importante, el Reglamento -CE- 1924/2006:

Decía más arriba que es posible que Odile Fernández borre la frase. Pero quizá haga otra cosa: citar un montón de estudios para que nadie pueda decirle que no sabe leer inglés o entender un abstract. Es lo que hizo en su libro “Mis recetas anticáncer”: incluyó nada menos que 1205 referencias bibliográficas en el apartado “bibliografía”. Por eso, entre otros motivos, comencé mi último artículo en la sección “Nutrir con ciencia” de Materia (El País) (@materia_ciencia) con esta frase:

“Estudio científico” no es sinónimo de “verdad científica”. Es decir, el hecho de que haya investigaciones sobre algo no significa que tales investigaciones sean concluyentes.

Tampoco significa que ese algo sea verdad revelada. ¿Qué estudio puede convencernos de que las manzanas son anticancerígenas? Pues un metaanálisis o una revisión sistemática que haya evaluado varios ensayos controlados aleatorizados bien diseñados. Ojo, no estudios observacionales, ni tampoco revisiones sistemáticas o metaanálisis de estudios observacionales, porque están altamente sujetos a sesgos como los que detalló hace poco en su cuenta de Twitter la Red de Nutrición Basada en la Evidencia #REDNuBE. Bien diseñados significa que se debería dividir a un mínimo de 100 pacientes con cáncer en dos grupos. Uno de ellos recibirá manzana y el otro no. Esperamos un tiempo razonable, controlando que la única diferencia entre los dos grupos sea la manzana, y constatamos si de verdad el grupo que toma la manzana observa que ha frenado “el crecimiento de las células tumorales”. Los pacientes deben padecer el mismo tipo de cáncer, deben tener una edad, un estatus socioeconómico y un estado de salud similar, y deben unos hábitos de vida también similares, entre otros muchos requisitos como los que encontrarán en este documento en cuya traducción participé en 2014: “Ítems de referencia para publicar Revisiones Sistemáticas y Metaanálisis: La Declaración PRISMA” (Rev Esp Nutr Hum Diet. 2014; 18(3):172-181.).

¿Existe esa clase de estudio? Ni por asomo. Pueden comprobarlo tecleando esta estrategia de búsqueda en la casilla de búsqueda de la base de datos de investigaciones biomédicas PubMed (www.pubmed.gov), diseñada para obtener ensayos controlados aleatorizados como los mencionados en el anterior párrafo:

(“Malus”[Mesh] OR apple*) AND (“Neoplasms”[Mesh] OR cancer) AND (Randomized Controlled Trial[ptyp] AND “humans”[MeSH Terms])

¿Por qué me molesta tanto que alguien promocione la manzana atribuyéndole propiedades no demostradas?, ¿qué tiene de malo fomentar el consumo de manzanas contra el cáncer? Pues que es promocionar una falsa esperanza. Y que existe el nada despreciable riesgo de que alguien que padezca cáncer se hinche a comer manzanas (o, peor, extractos de manzana) pensando que eso frenará “el crecimiento de las células tumorales”. Como no lo conseguirá, es posible que sienta una terrible frustración, como detalló la doctora Tania Estapé en esta entrevista. La doctora Estapé (@TaniaEstape1) es psicóloga clínica y psicoterapeuta, directora de Psicooncología de una importante Fundación contra el cáncer: Fefoc Fundació.

Pero existe un riesgo mucho mayor: que alguien deje de lado el tratamiento contra el cáncer pensando que la manzana (o cualquier otro remedio sin base científica) es más “natural” que la oncoterapia. Esa oncoterapia que podría salvar su vida en caso de padecer cáncer, algo que jamás ha demostrado conseguir ningún tratamiento “natural”.

Por lo demás, el enfoque es radicalmente erróneo: añadir manzanas, aguacates o frutas del bosque a una dieta inadecuada no la convierte en saludable, de igual manera que dar un beso al día a un niño al que tratamos a gritos no lo convierte en un niño feliz.

 

 

Nota: Muy agradecido a fantástico abogado Francisco José Ojuelos (@fojuelosdotcom) por su ayuda en la redacción de este texto.

P.D.1. En Twitter, Cristina Cepeda me ha hecho ver otra frasecita que deja helado a cualquier sanitario mínimamente consicente del peligro de las pseudociencias: “La granada es antioxidante, estimula el sistema inmune y es capaz de obligar a suicidarse a las células tumorales”. Opino lo mismo que he dicho para la manzana: ninguna prueba científica basada en ensayos controlados aleatorizados, sin sesgos, y realizados en una muestra importante pacientes con cáncer sustenta semejante afirmación. De nuevo, incluyo la captura de pantalla debajo de estas líneas.

granadasuicidarsecelulastumoralessic

P.D.2 (25 de abril de 2018). Por si pasa el tiempo y finalmente Odile borra lo que ha escrito en su web, aquí tienen el link en Web Archive: https://web.archive.org/web/20180425190743/https://www.misrecetasanticancer.com/2018/04/frutas-contra-el-cancer.html

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