Hace tres años que no hablo de la (dichosa) cúrcuma, así que no me venga nadie diciendo que soy un pesado. Lo hice en el texto titulado “Cúrcuma: ¿Sabrosa? Sí. ¿Medicinal? No”. Justifiqué que si quieres tomarte cúrcuma como especia en un sofrito, genial. Pero que tomarla en forma de pastillas es de todo menos sano.
El caso es que gracias a un artículo publicado por Alice Klein en New Scientist (¿La cúrcuma y la curcumina tienen algún beneficio real para la salud?) he entendido el porqué de tanto entusiasmo con esta especia. Resulta que a principios de la década de los 2000, un tal Bharat Aggarwal (un bioquímico que trabajó en el Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas) publicó más de 100 artículos según los cuales la curcumina reducía la inflamación y eliminaba «casi todos los tipos» de células tumorales. Algo que entusiasma a los adalides de la pseudociencia, claro. Es el caso de Odile Ferández, en cuyo libro “Mis recetas anticáncer” (hablé de él en el texto «“Mis (descabelladas) recetas anticáncer”, en “El Escéptico») existe un apartado titulado “La cúrcuma, el oro en polvo que combate el cáncer”. Trola peligrosa, como justifiqué en mi anterior texto dedicado a esta especia.
Pero volvamos a Alice Kelin. Explica que las agencias de salud estadounidenses han invertido más de 275 millones de dólares en investigar la curcumina desde 1990, y que el dinero desperdiciado, que diga, invertido, en tales investigaciones aumentó considerablemente a partir de los trabajos de Aggarwal. ¿Se descubrió acaso de este señor tenía razón? Nones. Se descubrieron dos cosas: la primera es que la curcumina es un compuesto inestable, reactivo y no biodisponible, por lo que su uso terapéutico es “altamente improbable”. Kelin cita esta metáfora la mar de clarificadora: “La curcumina es como un misil que explota continuamente en la plataforma de lanzamiento, sin llegar jamás a la atmósfera ni a su objetivo”.
Y se descubrió también que la inmensa mayoría de las investigaciones de Aggarwal eran fraudulentas, por lo que fueron retiradas de las revistas científicas. Tuvo que abandonar su puesto de trabajo tras una investigación interna pero, por desgracia, muchos de los artículos de este señor no se han retirado (pese a las serias dudas sobre su fiabilidad) y siguen siendo citados con frecuencia (por gente como Odile, desde luego).
Alice Kelin detalla que aunque consumir cúrcuma es seguro en curris y otras comidas (entre otros motivos porque sólo cerca del 5 % del peso seco de la cúrcuma es curcumina) la cosa cambia si hablamos de suplementos, que contienen curcumina concentrada, porque pueden causar problemas hepáticos. ¿Exagera? En absoluto: según el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de EE. UU., la cúrcuma (en pastillas, insisto) es la causa más común de daño hepático relacionado con hierbas en Estados Unidos.
Lo dicho: que las pastillas de cúrcuma se queden en la estantería. Te ahorras salud, dinero, falsas esperanzas y disgustos.
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