Julio Basulto (@JulioBasulto_DN), 21 de enero de 2016

En su canción “Reír y llorar” Kiko Veneno afirma que “la coca-cola siempre es igual”. Es verdad, pero también es verdad que dicha bebida debería cambiar, por el bien de la salud poblacional. Como expliqué ayer en el texto “¿Y si quitamos azúcar a las bebidas azucaradas?”, una reducción progresiva en el contenido de azúcar de las bebidas azucaradas (mal llamadas “refrescos”) es políticamente impecable y tiene el potencial de evitar millones de casos de obesidad en el mundo. Aunque claro, hace falta que los gobiernos y los lobbies alimentarios se pongan manos a la obra.

No confío mucho en que lo hagan, sinceramente. Así que hoy, para que entiendan por qué el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer recomienda “evitar” estas bebidas, intento responder a una serie de preguntas tan incómodas como el horario de un autónomo: ¿qué entendemos por bebidas azucaradas?, ¿salud y “refrescos” son conceptos antagónicos?, ¿me va a decir ahora que no hidratan?, ¿acaso estas bebidas son un veneno?, como no tengo obesidad, puedo beberlas alegremente ¿verdad?, ¿y las que no tienen azúcar, son sanas cual risa de bebé?, ¿no sería mejor confiar en la educación y huir de “coartantes legalismos”? Les sugiero que se abriguen, porque este texto me ha quedado tan “refrescante”, que puede que les entre hasta frío.

 

Bebidas azucaradas y salud, conceptos opuestos

Los nutricionistas lo tenemos claro: “Bebemos demasiado azúcar”. Para entender que no se trata de una buena noticia podemos remontarnos a 2012, momento en el que se publicó un consenso español relacionado con la prevención y el tratamiento de la obesidad (revista Nutrición Hospitalaria). El documento, que contó con la colaboración del Ministerio de Sanidad, detalló, con respecto a las bebidas azucaradas, lo siguiente: “Limitar la frecuencia de consumo de bebidas azucaradas puede conducir a una menor ganancia de peso con el tiempo”. Desde entonces hasta la fecha, muchas investigaciones han confirmado la anterior recomendación…salvo si han sido financiadas por empresas implicadas en las ventas de estas bebidas. Si no me creen, revisen el artículo-pataleta que dediqué a esta cuestión en el blog de Ser Consumidor: “Bebidas azucaradas ¿engordan? Respuesta: ¿quién financia el estudio?”.

1 ser consumidor financia estudio

 

Malsanas en personas con o sin obesidad

En octubre de 2013, la revista American Journal of Clinical Nutrition publicó un artículo cuyo título hizo temblar a más de uno: “Bebidas azucaradas y aumento de peso en niños y adultos: revisión sistemática y metaanálisis”. Su conclusión fue:

“Nuestra revisión sistemática y metaanálisis de estudios de cohorte prospectivos y ensayos controlados aleatorizados proporciona evidencia de que el consumo de bebidas azucaradas promueve el aumento de peso en niños y adultos”.

Una de las últimas investigaciones rigurosas sobre bebidas azucaradas y salud es la publicada el 25 de agosto de 2015 en la revista Circulation. El estudio concluyó que estas bebidas causan cerca de 184.000 fallecimientos en adultos en el mundo cada año (133.000 por diabetes, 45.000 por enfermedades cardiovasculares y 6.540 por cáncer)…que se dice pronto. Estas muertes guardan relación, en buena medida, con el papel de las bebidas azucaradas en la promoción de la obesidad.

Pero no crean que estas bebidas solo son peligrosas en personas con exceso de peso, también lo son en personas con peso normal (o normopeso), según mostró un trabajo publicado en agosto de 2011 (Am J Clin Nutr. 2011 Aug;94(2):479-85). Observó lo mismito una investigación más reciente, la recogida el 21 de julio de 2015 en BMJ, que concluyó que el consumo habitual de bebidas azucaradas se asocia con una mayor incidencia de diabetes tipo 2, incluso en personas sin obesidad. El estudio, cuyo primer firmante fue el doctor Fumiaki Imamura, constató que una lata diaria de estas bebidas aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 en un 18 % durante una década, independientemente del peso que tenga el individuo (el riesgo es mayor en personas con obesidad).

Más reciente todavía es el trabajo publicado la semana pasada en Circulation por Jiantao Ma y colaboradores, que observó que las bebidas azucaradas se relacionan con incrementos en la grasa abdominal profunda (asociada estrechamente con la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardíaca) (www.pubmed.gov/26755505).

Añadamos su claro papel en la promoción de la caries dental, un trastorno mucho más preocupante de lo que suele creerse. No olvidemos que los dientes los utilizamos, además de para hablar y comunicarnos, para masticar. ¿Sabían que entre el 5% y el 8% de los adultos españoles tiene alguna dificultad para comer como consecuencia de problemas dentales? Los dientes influyen muchísimo en nuestra capacidad de comunicarnos y alimentarnos y, por tanto, en nuestra salud física y mental. Una mala dentición puede afectar a nuestra autoestima, por no hablar del dolor y la ansiedad que ocasionan las enfermedades bucodentales, que han llegado a relacionarse con trastornos sociales. Hablé más a fondo de estos temas en abril de 2013 y en marzo de 2015.

 

No son un veneno…pero tampoco inofensivas

No digo, por cierto, que el azúcar o las bebidas azucaradas sean un veneno. Ni yo, ni Miguel Ángel Lurueña (Gominolas de Petróleo), como pueden constatar en su texto: “El mito de los cinco venenos blancos (II): el azúcar. Lo que sí digo es que los “refrescos” no son inofensivos, que no es lo mismo. Y también digo que hacernos creer que tocaremos la felicidad bebiéndolas, como sugiere Coca-Cola, me parece un sarcasmo intolerable, un insulto a la razón y un pisoteo a la salud pública.

2 felicidad coke

He aprovechado para preguntarle sobre esta cuestión al abogado Francisco Ojuelos, y opina lo siguiente:

“Los estudios concluyen con una calificación de las bebidas azucaradas que sería, entendemos, muy apta para cuestionar la vigente laxitud de las Administraciones para con estas industrias en lo tributario, en lo publicitario y en general, en el establecimiento del marco legal en el que se produce su venta. Dicha laxitud parece que debería replantearse, al menos, en los términos en los que a día de hoy es posible. Nadie está etiquetando a las bebidas azucaradas de sustancias tóxicas, como ya ha indicado Julio, pero los estudios rigurosos y sin conflictos de interés demuestran que no son inocuas: si se recomienda evitarlas es porque se ha demostrado su incidencia negativa en el mantenimiento de la salud por su relación causa-efecto con enfermedades graves. En este contexto, el análisis de la sugerencia publicitaria que indica que ingesta de estas bebidas supone un incremento de la felicidad parece merecedor de un reproche serio y muy severo, por lo presuntamente engañoso, tanto por parte de las administraciones competentes como de los agentes implicados en lo alimentario y los propios consumidores, que deben concienciarse más al respecto, y deben hacerlo rápidamente”.

Muy agradecido a Francisco, a quien admiro y que, como verán, vuelvo a citar en unas líneas.

Ahora que lo pienso, la combinación de un “refresco” denominado “bebida energética” con alcohol sí me parece bastante “venenosa” (Nota: amplié esta cuestión el 22 de febrero de 2016 en el texto “Red Bull con alcohol y jamacucos“).

 

Pero, ¿qué es una bebida azucarada?

Antes de seguir es preciso concretar qué entienden los investigadores por “bebida azucarada”. El estudio de Circulation publicado el 25 de agosto de 2015, antes citado, consideró en esta categoría a las bebidas que aporten al menos 50 kilocalorías por cada 23 centilitros. Aquí entran los “refrescos”, las bebidas deportivas (conocidas como “isotónicas”), las bebidas “energéticas” o los tés helados dulces. Pero también la mayoría de los zumos, sean o no caseros: 23 centilitros de zumo de naranja casero aporta unas 80 kilocalorías según el libro “Tablas de Composición de Alimentos del CESNID-UB”, coordinado por el doctor Andreu Farran. Pese a que muchas personas creen que los zumos son equivalentes a la fruta fresca, lo cierto es que sus efectos metabólicos no son iguales o equiparables, como amplié en el texto “Mejor una fruta entera que un zumo”.

 

¿Y las que no tienen calorías?

Si están pensando en los “refrescos Light” “zero” o sin azúcar, cuyo sabor dulce proviene de edulcorantes bajos en calorías como el aspartamo o la estevia, deben saber que los nutricionistas no somos muy partidarios de ellos. No porque sean tóxicos o cancerígenos (no es el caso, aunque tampoco tienen propiedades saludables), sino porque, como indiqué en el artículo de ayer, tenemos dudas de su posible implicación a largo plazo en el riesgo de obesidad o porque sabemos que pueden generar una preferencia, en sus consumidores habituales, por alimentos muy dulces, algo que empeorará la calidad de su patrón de alimentación.

Esto último es particularmente preocupante en niños: si se acostumbran al intenso gusto dulce de estos edulcorantes puede que en un futuro su paladar los prefiera a unos rivales cuyo sabor es mucho menos potente: las saludables frutas y las hortalizas. Mi amigo y colega Juan Revenga dedicó este pasado lunes un artículo a los edulcorantes en el blog El Comidista, en el que colabora periódicamente. Lo tituló “¿Son insanos los edulcorantes?”. Ah, no se pierdan este artículo, publicado en su blog: “Disuelto el grupo de investigación contra la obesidad financiado por Coca-Cola tras las duras críticas recibidas“.

 

Pero por lo menos nos hidratan (risas)

La deshidratación preocupa mucho a los fabricantes de “refrescos”, pero a los sanitarios nos preocupa muchísimo más la obesidad, como justifiqué ampliamente en el texto “Beber en función de la sed, también en verano”. Lo digo porque cada verano aparecen decenas de artículos pagados descarada o soterradamente por los fabricantes de bebidas azucaradas que nos instan a que nos hidratemos con estos calóricos mejunjes, como si la deshidratación fuera el enemigo más temido de la humanidad (¿más que la obesidad?). Hablé de uno de esos artículos en julio de 2014 en el blog de Ser Consumidor, en concreto de uno publicado en La Vanguardia, y titulado “Los refrescos, fuente de hidratación”. Acabé mi texto con esta reflexión: “Si no queremos dinamitar nuestra salud, no nos tenemos que hidratar con refrescos, aunque tengan agua en su interior, por la misma razón que no debemos “nutrirnos” a base de mayonesa, aunque nos aporte ácidos grasos esenciales”.

Si no les convencen mis arengas, lean esta perla pronunciada por Toby Smithson, una de las portavoces de la Academia de Nutrición y Dietética, una importantísima entidad científica de nutrición, refiriéndose a las bebidas azucaradas:

“Si puede imaginarse una solución intravenosa de azúcar entrando en sus venas, lo que llamamos un ‘dulce concentrado’, eso es lo que sucede cuando consume algo lleno de azúcar”.

La declaración, recogida por HealthDay, en este enlace, coincidió con la publicación del estudio de Fumiaki Imamura que he citado más arriba.

 

Apostemos solo por la educación…dicen los fabricantes de “refrescos” (carcajadas)

Tras la publicación de la investigación de Circulation, el investigador principal, el doctor Dariush Mozaffarian, declaró que “debería ser una prioridad mundial reducir su consumo o eliminarlas de la dieta”. Diversos autores han presionado, a la luz de estos resultados, para que los gobiernos tomen medidas urgentes y regulen el marketing de las bebidas azucaradas, con medidas como prohibir su presencia en máquinas expendedoras, algo que abordé en el texto “Máquinas expendedoras de comida al alcance de los niños”.

3 expendedoras

El doctor Thomas Farley, por ejemplo, razonó el 11 de octubre de 2012 (revista New England Journal of Medicine) que de igual manera que exigiríamos una regulación gubernamental si una sustancia química nociva estuviera enfermando a nuestros hijos, también deberíamos exigir esa clase de medidas con respecto a las bebidas azucaradas, dado su claro efecto negativo en la salud infantil. Farley añade que “es difícil argumentar en contra de una respuesta del gobierno […] para contrarrestar el riesgo ambiental de la comercialización de estas bebidas”.

La mera información o educación a la población no es en absoluto suficiente ni realista, dado que las prácticas comerciales que acompañan a estas bebidas “arrollan la capacidad de resistencia de muchos adultos”, de nuevo según Farley. Menos realista es, desde luego, pretender que un niño o un adolescente supere esta presión comercial, de ahí que Miguel Ángel Lurueña (Gominolas de Petróleo), antes citado, nos pidiera en julio de 2015 lo siguiente: “No dejes que la publicidad alimente a tus hijos“. Hace poco (4 de enero) hemos sabido que hoy por hoy muchos niños toman, al cabo del año, su peso en azúcar. Desolador.

La educación, muy necesaria, no debe considerarse un sustituto de las políticas sanitarias, sino que ambas estrategias deben ir de la mano si pretendemos resolver con éxito la enorme epidemia de obesidad que sufre hoy todo el planeta. En el texto de ayer detallé que la industria de las bebidas azucaradas invierte cada año cerca de mil millones de dólares en publicidad. ¿Qué gobierno puede pagar mil millones de dólares para educar a la población acerca de los riesgos de los “refrescos”?

Mientras se piensan la respuesta, les invito a leer los seis artículos que el abogado Francisco Ojuelos (antes citado) y yo dedicamos a la regulación de la publicidad de alimentos. Pueden acceder a ellos desde este enlace. Podrán comprobar que “[…] gran parte de la publicidad de alimentos que estamos acostumbrados a ver es de dudosa legalidad. A nuestro criterio, en muchos casos es manifiestamente ilegal”.

4 procesal

Es decir, con la educación alimentaria no solo luchamos contra un oponente infinitamente más poderoso, resulta que dicho oponente, además, hace trampas.

 

Pongámonos serios: escuchemos a Margaret Chan y Marion Nestle

Las industrias alimentarias se resisten a las políticas que puedan cortar sus alas, algo que es la mar de necesario: cuantos más productos insanos venden ellas, peor está nuestra salud. Lo resumió la doctora Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en estos dos comentarios que podemos leer en la cuenta de Twitter de la OMS:

“La mejor manera de que la población pierda peso es que la industria alimentaria venda menos alimentos malsanos” (11 de septiembre de 2012).

5 chan dejar vender

“Tal y como me han dicho una y otra vez los gobiernos, la presión de los lobbies alimentarios ha socavado sus acciones destinadas a reducir la obesidad” (18 de junio de 2013)

6 chan presión lobbies

Su declaración más reciente con relación a las bebidas azucaradas aparece en la contraportada del exquisito libro “Soda Politics”, escrito por Marion Nestle (libro que denuncia, entre otras cosas, las malas artes del lobby que controla estas bebidas):

“La industria de las bebidas azucaradas es un agente económico poderoso. El poder económico se traduce fácilmente en poder político. Soda Politics es exactamente el tipo de reportaje de investigación cuidadosamente documentado necesario para abrir los ojos del público y de los parlamentarios acerca de los peligros para la salud de lo que es esencialmente, como la autora señala con razón, caramelo líquido en una botella”.

Les ruego que lean con detenimiento la anterior frase pensando en que la ha redactado la directora general de la OMS. Mujeres como Marion Nestle o Margaret Chan le devuelven a uno la esperanza en la humanidad, se lo aseguro. La foto que aparece bajo estas líneas refleja claramente contra quién dirige sus ganchos y sus directos la doctora Marion Nestle (foto tomada de su blog: http://www.foodpolitics.com/2014/12/annals-of-gifting/).

7 nestle

 

Que dejen de tomarnos el pelo…y la salud

Por fortuna, además de heroínas como Marion Nestle o Margaret Chan, existen inteligentes investigadores dispuestos a encontrar una solución factible a este problema tan complicado, como la dotcora Yuan Ma y sus colaboradores, responsables de la propuesta de disminuir la cantidad de azúcar en los “refrescos”, tal y como indiqué en mi artículo de ayer. Si se sigue su estrategia no disminuirán las ventas de estos productos, por lo que sus vendedores no deberían resistirse a su implementación. Creo que vale la pena que los gobiernos den pronto vida a esta propuesta que puede salvar tantas vidas. No confío en la implementación voluntaria por parte de la industria alimentaria, entre otros motivos porque si un fabricante disminuye el azúcar y otro fabricante no lo hace, los consumidores se decantarán por el más dulce, y ello sí afectaría a las ventas del que ha reducido el azúcar en sus bebidas.

Así que la última palabra está en manos de los gobernantes, que deben regular el proceder de la industria alimentaria. Lo que me lleva, de nuevo, a la cuenta de Twitter de la OMS. Y es que el 14 de septiembre leímos este par de verdades:

“El marketing que fomenta el consumo de fast food y refrescos está causando un repunte sin precedentes en la obesidad infantil http://goo.gl/gpntvm” (14 de septiembre de 2015).

8 repunte obesidad

“Dra. Chan: Muchos de los factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles surgen del comportamiento de las multinacionales” (14 de septiembre de 2015).

9 comportamiento multinacionales

Hace poco he criticado al, que diga, hablado del marketing alimentario (“¿Cómo nos engorda el marketing de alimentos insanos?”). En cuanto al concepto “enfermedades no transmisibles”, hace referencia a dolencias que no son contagiosas (no se “transmiten”). Las cuatro que más muertes ocasionan son la diabetes, el cáncer, las enfermedades crónicas pulmonares y las enfermedades cardiovasculares. Las mencioné el pasado octubre en un texto cuyo título tiene forma de macabra adivinanza “¿Qué causa 9 de cada 10 muertes en Europa?”.

Hemos empezado con Kiko Veneno, y acabaremos con Serrat. Pienso que su canción “A quien corresponda” la podemos remitir, con pocos cambios, a quienes deberían estar tomando cartas en este enfermizo asunto, pero no lo hacen. Transcribo un fragmento de dicha canción:

Un servidor
Joan Manuel Serrat,
casado, mayor de edad,
[…]
respetuosamente
SUPLICA
Se sirva tomar medidas
y llamar al orden a esos chapuceros
que lo dejan todo perdido
en nombre del personal.

Pero hágalo urgentemente
para que no sean necesarios
más héroes ni más milagros
p’adecentar el local.

No hay otro tiempo que el que nos ha tocao,
acláreles quién manda y quién es el mandao.

Y si no estuviera en su mano
poner coto a tales desmanes,
mándeles copiar cien veces
que esas cosas no se hacen.
[…]

Mientras “quien corresponda” descifra quién es el que manda y quién es “el mandao” y pone coto a los desmanes o, en su defecto, copia cien veces que esas cosas no se hacen, les suplico (también respetuosamente) que eviten estas bebidas en su día a día. O, dicho de otro modo: “No beba Coca-Cola”.

 

P.D. Más “madera” sobre azúcar en: http://juliobasulto.com/tag/azucar/