El pasado 3 de marzo, como expliqué aquí, hice una charla titulada “La copita de vino no es saludable”, que en Youtube aparece citada como “¿Es sana esa ‘copita de vino’ diaria?”. La tenéis completa en este enlace: https://goo.gl/dzggGg

 

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Pero también he pensado en compartir por aquí no solo el vídeo sino también en transcribir la charla, incluyendo las referencias bibliográficas que cité, por si alguien quiere profundizar en el tema. Ahí va:

«Probad a decir en una cena familiar que el vino no es saludable. Veréis la que se lía. Yo tuve el valor de explicarlo hace poco en la sección “Gente Sana” que tengo en Radio Nacional de España y no tardó en llamar por teléfono una mujer enfadadísima. Me acusó algo así como de manipulador y mentiroso por haber afirmado que el vino tiene alcohol. Que si cómo me atrevo, que si cómo es posible que un servicio público permita esto. ¿Mi respuesta? Pues que sí, querida señora, que el vino es una bebida alcohólica, se ponga como se ponga. Juraría que no la convencí. A ver si os convenzo a vosotros.

El caso es que si yo quisiera caer bien a todo el mundo diría que una copita de “buen vino” no hace daño a nadie. Pero no quiero caer bien a todo el mundo, con caer bien a mi mujer me basta. De hecho, si os queréis ganar el cariño y el afecto de vuestros semejantes, no os hagáis nutricionistas. Hay muchos motivos por los que los nutricionistas (al menos los mínimamente serios) caemos mal al común de los mortales: por las “galletitas”, por las “patatitas”, por el “jamoncito”…

Es más, el otro día se me ocurrió la siguiente definición de nutricionista: ser humano que si ve a alguien desnudo por la calle con un croissant en la mano, se queda mirando el croissant.

Pongámonos serios y hablemos del vino, pero antes debo advertiros de que lo que voy a decir a continuación es del todo extrapolable a la cerveza o a cualquier otra bebida alcohólica. Vamos allá.  ¿Habéis escuchado o leído que el vino ejerce beneficios en corazón? Os han mentido vilmente. Voy a leer lo que opinó la Organización Mundial de la Salud en 2012 en su documento “Alcohol in the European Union” (1): “El alcohol es perjudicial para el sistema cardiovascular”.

 

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Vaya, pues “perjudicial para el sistema cardiovascular” no parece sinónimo de “bueno para el corazón”.

¿No os fiáis de la OMS? ¿Creéis que la cita está obsoleta? Pues en la siguiente foto leeremos la opinión de la Comisión Europea (2).

 

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Para la Comisión Europea “Un consumo moderado de alcohol aumenta el riesgo a largo plazo de sufrir cardiopatías”. ¿Tampoco os fiáis de la Comisión Europea? Hacéis mal. Sea como sea, es momento de acudir a una extensa revisión de 56 estudios epidemiológicos publicada el 10 de julio de 2014 en la revista British Medical Journal (3).

 

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La conclusión de esta rigurosa investigación es bien clara: “el consumo de alcohol aumenta los eventos coronarios en todos los bebedores, incluyendo aquellos que beben [entre comillas] ‘moderadamente’”.  Y pongo entre comillas lo de “moderadamente” porque en realidad debería denominarse “de bajo riesgo” -que no “de nulo riesgo”-).  Eso de “beba con moderación” no es más que un imperativo que persigue normalizar el consumo de alcohol o incrementarlo, como explicó el doctor Juanjo Cáceres en su libro “Consumo inteligente“.

En concreto, cada año mueren 780.381 personas por enfermedades cardiovasculares atribuibles al consumo de alcohol, según supimos en abril de 2016, en la revista BMC Public Health. (4) Pero quizá hayáis escuchado o leído que el consumo “moderado” de alcohol no sólo protege al corazón, sino que previene la mortalidad. Para entender que tampoco es cierto, nada mejor que acudir a una reciente investigación coordinada por el doctor Tim Stockwell en la revista Journal of Studies on Alcohol and Drugs (5).

 

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El estudio concluye lo siguiente: “el bajo consumo de alcohol no ejerce beneficios netos en la mortalidad al compararlo con la abstinencia de por vida o el consumo ocasional de alcohol”.

Es posible que haya quien piense: “este señor dirá lo que quiera, pero yo he visto con mis propios ojos un estudio que demuestra que los abstemios mueren más pronto que los no abstemios”. Pues sí, yo también he visto con estos ojos esa clase de estudios. ¿Necesito ir al óptico optometrista? ¿O quizá sois vosotros los que lo necesitáis? Para resolver el enigma debemos preguntarnos lo siguiente: ¿por qué hay estudios que han observado (que no “demostrado”) que las personas abstemias presentan un mayor riesgo de mortalidad que quienes realizan un consumo bajo o “moderado” de alcohol? Pues por tres razones:

1.- Porque tales estudios no han tenido en cuenta que buena parte de los abstemios antes eran alcohólicos (y lógicamente su salud será peor).

2.- Porque también buena parte de los abstemios lo son porque padecen una enfermedad incompatible con tomar alcohol. Y lo que incrementa su mortalidad no es el hecho de ser abstemios, sino que ya padecen una enfermedad.

3.- Y ahora viene la tercera razón. Lo que diré ahora se basa, sobre todo, en estudios como este, publicado en febrero de este año por el doctor Timothy S. Naimi y sus colaboradores en la revista científica Addiction (6).

 

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Como es un punto crucial de esta charla, os ruego que me prestéis toda vuestra atención. Resulta que las personas que toman alcohol “con moderación” son diferentes a las que no lo toman con moderación en muchos aspectos. Lo explicaré con una pequeña metáfora. Imaginemos que ubicamos en la mitad derecha de una gran sala repleta de gente a todas las personas que tienen el último modelo de iPhone en su bolsillo, y en la otra mitad a las que no lo tienen. Es muy probable que si hacemos un estudio prospectivo para evaluar el riesgo de mortalidad observemos que quienes tienen el iPhone presentan un menor riesgo de mortalidad. ¿Es por las “propiedades protectoras” del iPhone? No, es porque dichas personas tienen más dinero, un factor crucial para determinar el riesgo de mortalidad a largo plazo (7). Como se suele decir, nuestro riesgo de mortalidad no está tanto en el código genético como en el código postal.  Pensemos ahora en el vino. Si ubicamos en la mitad derecha de esa imaginaria sala a quienes toman a diario dos copas de vino, en el caso de los hombres, o una en el caso de las mujeres, y en la otra mitad ubicamos a quienes o bien son abstemios o bien toman mucho alcohol, y evaluamos el riesgo de mortalidad a largo plazo de ambos grupos, probablemente constataremos que el grupo de la derecha presenta un menor riesgo de mortalidad. ¿Es por el vino? Pues no, es porque es un grupo que no solo se distingue en ser moderado con el alcohol, sino también en otras características. Porque, por un lado, resulta que las personas que toman alcohol con moderación suelen ser moderadas en el resto de sus hábitos y tienen menos comportamientos peligrosos. Y eso disminuirá lógicamente su riesgo de mortalidad. Suele ser, también, un colectivo con un mayor poder adquisitivo (viven en barrios más ricos), un mayor capital social, más cultura, hacen más deporte, etc (8). Todo eso influye en su riesgo de mortalidad mucho más que el supuesto efecto positivo del vino…que resulta que se diluye en los estudios bien diseñados, como acabamos de ver.

Pero eso no es todo. A continuación entenderéis por qué si los nutricionistas viésemos a ese nudista con una copita de vino en la mano también miraríamos la copita de vino.

Resulta que el consumo de bebidas alcohólicas se relaciona con el riesgo de cáncer. En 2015, la OMS, en su “Informe Mundial de Situación sobre Alcohol y Salud” concretó que “Un consumo tan bajo como una bebida diaria causa un aumento significativo del riesgo de algunos tipos de cáncer” (9).

Y en noviembre de 2016, el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer detalló que “existen evidencias científicas sólidas de que el alcohol incrementa el riesgo de 6 cánceres: mama, intestino, hígado, boca/garganta, esófago y estómago” (10).

 

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El dibujo de la copa de vino que aparece en el “tuit” del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer ni lo he puesto yo ni es casual. Esta entidad dibuja una copa de vino precisamente porque eso de que el vino no cuenta como bebida alcohólica no sólo lo piensa esta mujer que llamó a mi programa de radio, lo piensa mucha más gente. Pero la cosa no acaba aquí, dado que en la foto aparece también esta recomendación: “Para la prevención del cáncer lo mejor es no beber alcohol”. Tenéis más información en este enlace: http://www.wcrf.org/int/cancer-facts-figures/link-between-lifestyle-cancer-risk/alcohol-cancer (11).

Sumemos esta consideración del American Institute For Cancer Research: “Cada bebida alcohólica diaria puede aumentar de un 10 a un 12% el riesgo de padecer cáncer de mama” (12).

 

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Podemos resumir lo dicho hasta ahora indicando que hoy tenemos claro que no hay un consumo seguro de alcohol. Pretender convencernos de que el alcohol ejerce efectos positivos sobre la salud es algo así como barrer el comedor dando golpes con la escoba a los muebles, a los jarrones, a la televisión o a las macetas. ¿Estás limpiando, o más bien arreglas una cosa y estropeas otra? Con la diferencia de que si barres haces algo positivo, mientras que, como hemos visto, no existen pruebas sólidas de que el alcohol tenga ninguna clase de efecto positivo sobre la salud, y sí tenemos serios motivos para pensar que supone un notable riesgo.

Todo lo anterior es más preocupante si sabemos que tomar alcohol es algo que hacemos 9 de cada 10 españoles, y que a más edad, más alcohol consumimos, y que, de hecho, tomamos más calorías a partir del alcohol que de las sanísimas legumbres (13, 14).

¿Y por qué estamos todos tan convencidos de que el vino es saludable? Hay muchos motivos: Industria codiciosa, Famosos ambiciosos, Sanitarios negligentes, Charlatanes, Medios irresponsables y Mala legislación (15). De todas maneras, creo que vale la pena centrarnos en dos de dichos motivos.

El primer motivo es una legislación demasiado laxa con respecto al control de la publicidad de las bebidas alcohólicas. De hecho, existen expertos, como el abogado Francisco Ojuelos, que opinan que en las botellas de vino, deberíamos leer una advertencia sanitaria, similar a la que encontramos hoy en las cajetillas de tabaco (16).

 

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Y el segundo motivo que quiero comentar es el marketing. Vuelvo a citar a la Organización Mundial de la Salud, en este caso su texto titulado “Alcohol en la Unión Europea” y publicado en 2012 (1). En la página 100 encontramos esta frase: “El marketing de bebidas alcohólicas es multifacético, estratégico y a largo plazo […] persigue exaltar los beneficios y eliminar las barreras al consumo”.

En la siguiente foto, tomada por un servidor en agosto de 2015, vemos botellas de vino en cuyo envase encontramos unas cuantas “multifaces”: las caras de los miembros de Coldplay, de Penélope Cruz, Pierce Brosnan o el ya difunto David Bowie (17).

 

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Si eso no es asociar el alcohol con la cultura, con el éxito social, con los triunfos deportivos, con el poder económico o con la fama, que baje Dios y lo vea.

¿Qué os parecería si en una cajetilla de tabaco apareciera la cara de Penélope Cruz?

Dicho esto, es momento de ver la gráfica más importante de esta charla, basada en un artículo publicado por Nutt y colaboradores en 2010 en la revista Lancet (18). En la transparencia veremos el daño ocasionado por diversas drogas, ordenado de más daño a menos daño. Lo interesante es que la gráfica valora no solo el daño que causa la droga al usuario, sino también el que causa a terceras personas. ¿Queréis saber cuál es la droga más dañina? Ahí la tenéis.

 

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El alcohol, cómo no. Porque además de ser la segunda causa de mortalidad prevenible en España (19), es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos (20), y está implicado en muchísimos casos de accidentes de tráfico, abortos, violaciones, otros tipos de agresiones o suicidios. Un ejemplo: una de cada 63 mujeres que beba alcohol en el embarazo dará a luz a un bebé con un grave trastorno denominado “síndrome alcohólico fetal” (21, 22).

Si estáis pensando que jamás habéis visto ninguna de las situaciones anteriores os diré que yo tampoco he visto en los 26 años que hace que tengo el carnet de conducir ningún accidente mortal, pero eso no significa que no existan.

En fin… Estoy acabando esta charla y traigo dos reflexiones finales. Si alguien os dice que el consumo moderado de alcohol es bueno, pensad de dónde procede la información. El único mensaje válido al que debemos sumarnos todos los sanitarios es el auspiciado por la Organización Mundial de la Salud: cuanto menos alcohol, mejor (23). Sobre todo porque cada año mueren 3,3 millones de personas en el mundo a causa del alcohol (24).

Os ruego, por último que miréis esta portada de un libro de la OMS sobre alcohol y salud (8). En ella vemos un famoso cuadro de Renoir. ¿Qué veis en él? Yo, veo demasiado alcohol.

 

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Pero al ver el cuadro pienso algo más: que el alcohol está instaurado en nuestra sociedad desde hace mucho, muchísimo tiempo. ¿Significa eso que no hay nada que hacer? Yo creo que sí. Quizá soy un ingenuo, pero aún conservo algo de la pueril esperanza con la que comencé a estudiar nutrición humana y dietética. Lo que me lleva a una frase de Dickens. La pronunció Agnes, el más bondadoso de los personajes de su novela David Copperfield. Ella, como yo, confía en que en un lejano día “el amor y la verdad acaben saliendo victoriosos sobre todas las injusticias y las desgracias de este mundo”.

Muchas gracias por su tiempo y por su atención».

 

 

Nota: Aprovecho para recordar que en breve imparto 4 cursos, uno precisamente centrado en alimentación infantil:

Más información sobre cursos y conferencias de un servidor: www.juliobasulto.com/conferencias

 

Bibliografía citada:

1.- World Health Organization. Alcohol in the. European Union. Consumption, harm and policy approaches. WHO. 2012. En línea: http://www.euro.who.int/en/publications/abstracts/alcohol-in-the-european-union.-consumption,-harm-and-policy-approaches

2.- Comisión Europea. Alcohol. 2017. En línea: http://ec.europa.eu/health/alcohol/policy_es

3.- Holmes MV, Dale CE, Zuccolo L, Silverwood RJ, Guo Y, Ye Z, et al. Association between alcohol and cardiovascular disease: Mendelian randomisation analysis based on individual participant data. BMJ. 2014 Jul 10;349:g4164. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25011450

4.- Rehm J, Shield KD, Roerecke M, Gmel G. Modelling the impact of alcohol consumption on cardiovascular disease mortality for comparative risk assessments: an overview. BMC Public Health. 2016 Apr 28;16:363. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27121289

5.- Stockwell T, Zhao J, Panwar S, Roemer A, Naimi T, Chikritzhs T. Do “Moderate” Drinkers Have Reduced Mortality Risk? A Systematic Review and Meta-Analysis of Alcohol Consumption and All-Cause Mortality. J Stud Alcohol Drugs. 2016 Mar;77(2):185-98. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26997174

6.- Naimi TS, Stockwell T, Saitz R, Chikritzhs T. Selection bias and relationships between alcohol consumption and mortality. Addiction. 2017 Feb;112(2):220-221. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28078703

7.- Braveman P, Gottlieb L. The social determinants of health: it’s time to consider the causes of the causes. Public Health Rep. 2014 Jan-Feb;129 Suppl 2:19-31. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24385661/

8.- World Health Organization. European action plan to reduce the harmful use of alcohol 2012-2020. WHO, 2012. En línea: http://www.euro.who.int/__data/assets/pdf_file/0008/178163/E96726.pdf

9.- Organización Mundial de la Salud. Informe Mundial de Situación sobre Alcohol y Salud. WHO, 2014. En línea: http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2014/alcohol-related-deaths-prevention/es/

10.- World Cancer Research Fund. Our recommendation on alcohol and cancer: http://www.wcrf.org/int/cancer-facts-figures/link-between-lifestyle-cancer-risk/alcohol-cancer #AAW2016 #AlcoholAwarenessWeek. WCRF, 15 de noviembre de 2016. En línea: https://twitter.com/wcrfint/status/798791970223255552

11.- World Cancer Research Fund. Alcohol & cáncer. WCRF, 2017. En línea: http://www.wcrf.org/int/cancer-facts-figures/link-between-lifestyle-cancer-risk/alcohol-cancer

12.- Kushi LH, Doyle C, McCullough M, Rock CL, Demark-Wahnefried W, Bandera EV, et al. American Cancer Society Guidelines on nutrition and physical activity for cancer prevention: reducing the risk of cancer with healthy food choices and physical activity. CA Cancer J Clin. 2012 Jan-Feb;62(1):30-67. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22237782

13.- Basulto J. Cuanto menos alcohol, mejor. Cuanto más, peor. Y no hablo del orujo… Comer o no comer, 19 de mayo de 2014. En línea: http://comeronocomer.es/la-carta/cuanto-menos-alcohol-mejor-cuanto-mas-peor-y-no-hablo-del-orujo

14.- Basulto J. Tomamos más energía a partir del alcohol que de las legumbres. ¡Qué bien! Comer o no comer, 4 de marzo de 2017. En línea: http://comeronocomer.es/muy-real/tomamos-mas-energia-partir-del-alcohol-que-de-las-legumbres-que-bien

15.- Basulto J. Resistencia nutricional. Pacífica y no armada, pero inmune al desaliento. Ser consumidor, 5 de agosto de 2015. En línea: http://cadenaser.com/programa/2015/08/05/ser_consumidor/1438765466_047331.html

16.- Ojuelos FJ. Es injustificable que no haya advertencias sanitarias en el alcohol. @CriticaProcesal, 17 de enero de 2017. En línea: https://twitter.com/CriticaProcesal/status/821456878597185536

17.- Basulto J. Hablé hace poco de famosos ambiciosos➜http://goo.gl/qkPN6E. Pues repito lo dicho (vino+famoso=↑consumo de alcohol). @JulioBasulto_DN, 12 de agosto de 2017. En línea: https://twitter.com/JulioBasulto_DN/status/631546689023819776

18.- Nutt DJ, King LA, Phillips LD; Independent Scientific Committee on Drugs. Drug harms in the UK: a multicriteria decision analysis. Lancet. 2010 Nov 6;376(9752):1558-65. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21036393

19.- Pulido J, Indave-Ruiz BI, Colell-Ortega E, Ruiz-García M, Bartroli M, Barrio G. Estudios poblacionales en España sobre daños relacionados con el consumo de alcohol. Rev Esp Salud Publica. 2014 Aug;88(4):493-513. En línea: http://www.msssi.gob.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/resp/revista_cdrom/vol88/vol88_4/RS884C_JPM.pdf

20.- World Health Organization. Alcohol. Fact sheet. WHO, enero de 2015. En línea: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs349/en/

21.- Popova S, Lange S, Probst C, Gmel G, Rehm J. Estimation of national, regional, and global prevalence of alcohol use during pregnancy and fetal alcohol syndrome: a systematic review and meta-analysis. Lancet Glob Health. 2017 Mar;5(3):e290-e299. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28089487

22.- Basulto J. Una de cada 67 embarazadas que beba alcohol lo lamentará. Julio Basulto, 25 de enero de 2017. En línea: http://juliobasulto.com/una-67-embarazadas-beba-alcohol-lo-lamentara/

23.- World Health Organization. Alcohol-less is Better. Geneva: WHO; 1996.

24.- World Health Organization. Global status report on alcohol and health 2014. WHO, 2014. En línea: http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/112736/1/9789240692763_eng.pdf