¿Es preferible un zumo casero a una Fanta de naranja? Sí, pero.

26/09/2018

Compartí esta reflexión en mis redes sociales, pero he pensado en compartirla también en este blog, dado que ya hay por aquí nada menos que 7000 suscriptores (¡7000 millones de gracias!).

El caso es que me han preguntado a menudo por la cuestión que aparece en el título de esta entrada: “¿Es preferible un zumo casero a una Fanta de naranja?”. Mi respuesta siempre es la misma: “Sí, pero”. Me explico en las siguientes líneas, pero antes quiero dejar claro que lo dicho para Fanta es totalmente extrapolable a cualquier otra bebida azucarada.

Sí es preferible porque:

1.- La Fanta (insisto, o cualquier otro “refresco” similar) no aporta más que calorías vacías. Es como un caramelo líquido metido en una botella, en palabras de la exdirectora general de la Organización Mundial de la Salud, la doctora Margaret Chan. Sin embargo, el zumo de fruta conserva parte de las propiedades de la naranja, como por ejemplo sus vitaminas. Por cierto, si crees que nos falta vitamina C (en España no nos falta) no dejes de leer este texto que escribí en octubre de 2014: “El zumo de naranja, ¿pierde vitamina C si no se bebe enseguida?“.

2.- El impacto medioambiental de las bebidas azucaradas es mucho mayor que el del zumo casero. Pueden encontrar más información en el muy recomendable libro “Soda politics” de la doctora Marion Nestle (sin tilde en la última “e”).

3.- Tu dinero no va a parar a una multinacional responsable de buena parte de las tasas de obesidad (y patologías relacionadas) en el mundo (Am J Clin Nutr. 2006 Aug; 84(2): 274–288). Amplié el tema en este mismo blog, en el texto “Evitar las bebidas azucaradas (“refrescos”), prioridad mundial“.

“PERO” porque:

1.- Las calorías del zumo (sí, aunque sea casero) son “calorías líquidas”. Los azúcares de la fruta entera, denominados “azúcares intrínsecos” (que son saludables, como justifiqué en el artículo “¿Por qué no engorda la fruta, si tiene azúcar?) pasan a comportarse como calorías líquidas al exprimir la fruta. Es decir, se comportan en nuestro cuerpo como lo hacen las calorías que encontramos en los “refrescos”. Las calorías líquidas se relacionan de forma clara con un mayor riesgo de obesidad. Los azúcares del zumo no se consideran azúcares intrínsecos sino “azúcares libres”. Por ello, el consumo habitual de zumos está desaconsejado en adultos (lo amplié en el texto “El zumo de fruta no es “fruta”, ni siquiera si es casero“) y, sobre todo en niños. Traté el preocupante asunto del zumo en niños en el texto “Los doce mandamientos de la ley del zumo (aunque sea casero) en niños“.

2.- Gran parte de la población considera que un zumo equivale a una pieza de fruta fresca. En buena medida porque es lo que nos han hecho creer los vendedores de zumos de fruta. Ante esta situación es conveniente avisar a la población de que el efecto de la fruta entera no es equiparable al del zumo, para que pueda tomar decisiones informadas, que son las únicas que son verdaderamente libres. Lo explicó la mar de bien el nutricionista (y biólogo) Juan Revenga en su texto “No, un zumo NO equivale a una de las 5 raciones de frutas y verduras (o cuando el álgebra no te da la razón)“.

3.- Si se cree erróneamente que el zumo es sinónimo de fruta podría aumentar su consumo y también aumentar, por tanto, los riesgos poblacionales asociados (el riesgo individual depende de muchos factores) detallados en los anteriores textos…y en este del pediatra Carlos Casabona: “Mastica fruta, tu cuerpo lo agradecerá“.

4.- Creer que el zumo es muy saludable, como pretende la industria que los vende, puede generar el llamado “efecto halo”. Es decir, creemos que estamos siguiendo una conducta saludable y dejamos de lado, inconscientemente, las conductas que sí lo son. Es lo que lo que en el ámbito científico se denomina “sensación ilusoria de invulnerabilidad”, que puede desinhibir conductas no saludables. Hablé del tema en el texto “Complementos dietéticos para perder peso: peor que inútiles“. Sí, en el texto hablo de complementos alimenticios y no de zumos, pero les aseguro que lo allí descrito es extrapolable al caso que nos toca.

En suma, tómate un zumo si te apetece (mejor que no sea a diario, si me permites el consejo), pero no pensando que haces salud o que es equivalente a tomar una pieza de fruta fresca a mordiscos, porque no es el caso.

 

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