Juanjo Cáceres y Julio Basulto, 3 de noviembre de 2016

Es una muy buena noticia que, mediante la difusión del informe Fiscal Policies for Diet and Prevention of Noncommunicable Diseases (Políticas fiscales sobre la dieta y la prevención de enfermedades transmisibles), la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya animado a los gobiernos de todo el mundo a introducir una imposición del 20% sobre el precio final de venta de las bebidas azucaradas.
Y lo es porque consumimos demasiado azúcar (unos 111 gramos al día, que se dice pronto) o mejor dicho, porque bebemos demasiado azúcar. De hecho, casi la mitad de los adultos españoles supera las recomendaciones de ingesta de azúcares tan solo a partir de los líquidos que bebe, según mostró en junio del año pasado el estudio Intake of water and different beverages in adults across 13 countries (Ingesta de agua y otras bebidas en adultos de 13 países). Como ya hemos explicado en este mismo canal, en el ámbito científico nadie duda de que los mal llamados “refrescos” nos hacen ganar peso, y de que eso incrementa nuestro riesgo de sufrir, a cada sorbo, patologías crónicas muy prevalentes. Es por ello que la disminución del consumo de estas bebidas se ha convertido, sin duda, en una prioridad mundial de salud pública para lograr reducir las elevadas tasas actuales de sobrepeso, obesidad, diabetes y otras enfermedades no transmisibles.

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