Inteligente, romántica y sobre todo visionaria, la película WALL·E, estrenada en 2008 y dirigida por Andrew Stanton, nos dejó a todos boquiabiertos de pura admiración. Si no la han visto (no dejen de hacerlo) les sugiero que no sigan leyendo estas líneas, porque desvelaré algunos puntos de su argumento, y no tendrá tanta gracia.

WALL·E nos sitúa en el año 2805, y los pocos habitantes que han sobrevivido a un cataclismo ocasionado por esa manía que tenemos de contaminar la Tierra, pasan sus días y sus noches en una gigantesca nave espacial dotada de gravedad. La nave viene equipada con modernísimos avances tecnológicos al alcance de todos sus pasajeros.  Avances como sillones flotantes que los desplazan sin que precisen pisar el suelo, o centenares de robots inteligentes que, entre otras tareas, suministran comida en respuesta a un simple movimiento de mano. Bueno, comida, lo que se dice comida, no es. Son batidos servidos en enormes vasos de plástico con pajita.

Como es lógico, la confluencia de “calorías líquidas” con un sedentarismo extremo da lugar a una tripulación que, sin excepción, presenta exceso de peso. Todos los individuos de la película padecen una incuestionable obesidad que dificulta sus movimientos hasta el punto de no ser capaces de subir a su “sillón volador” sin la ayuda de robots especializados.

La cuestión es que aunque en WALL·E hay niños pequeños, no parece haber ni un solo anciano en toda la nave espacial. ¿Es un descuido? En una película tan bien pensada, no parece probable. Lo que nos lleva (y de ahí este texto), al editorial que publicó el día 7 de junio del presente año (hoy hace un mes) el doctor David Ludwig (Harvard Medical School), y titulado “Lifespan Weighed Down by Diet” (podríamos traducirlo como “Esperanza de vida oprimida por el peso de la dieta”). En su texto, entre otras interesantísimas consideraciones (como la necesidad de proteger a los niños de la “publicidad depredadora” y de otros tipos de marketing), Ludwig justifica que nuestra esperanza de vida no solo ha tocado techo, sino que si no hacemos nada (y estamos haciendo más bien poco) empezará a disminuir. ¿Por qué?

Ludwig argumenta que los triunfos que nos han permitido elevar nuestra esperanza de vida en Occidente (más disponibilidad de alimentos, mejor sanidad y considerables avances médicos) van a empezar a hacer aguas a causa de la “catástrofe” que generarán las actuales tasas de obesidad infantil. Hace años que la obesidad ha pasado de ser excepción a ser norma, pero los avances médicos y quirúrgicos de las últimas décadas han permitido mitigar en parte el riesgo sanitario que produce dicha condición.

“Millones de individuos dependen de medicamentos para disminuir su colesterol, su tensión arterial y su glucosa sanguínea; de procedimientos quirúrgicos para hacer un bypass en unas arterias bloqueadas; y de la diálisis”, explica Ludwig. Poco antes advierte que hemos llegado a un punto en el que los avances tecnológicos no van a poder compensar la situación y vamos a presenciar (y de hecho, ya estamos presenciando),  cómo nuestros hijos van a vivir menos años que nosotros a causa de la epidemia de obesidad que asola hoy el planeta. Él habla de población americana, con cifras de exceso de peso superiores a las nuestras…pero llevamos su mismo camino. Miren, si no me creen, el par de gráficas que detallo debajo de estas líneas, y que compartí por primera vez en este texto.

 

exceso peso

La medicina actual es capaz de prevenir (a escala poblacional, se entiende), la muerte prematura en adultos que desarrollan obesidad a los 45 años, diabetes a los 55 y una enfermedad cardíaca a los 65. Sin embargo, la medicina no va a evolucionar tanto y tan rápido como para poder hacer frente a tales patologías cuando nuestros niños (cuyo peso corporal es más elevado que en ninguna otra época de la historia) sean adultos, de nuevo según Ludwig

Por eso no hay ancianos en la película WALL·E. Y por eso muchos le pedimos a nuestros gobiernos que hagan algo urgentemente para prevenir la obesidad, “que para luego es tarde”. Nos suelen dar largas diciéndonos que es un asunto complicado, por lo que conviene tener a mano esta célebre frase de Ferdinand Foch: “No me diga que el problema es difícil. Si no fuera difícil, no sería un problema”

Más información sobre obesidad infantil en: http://juliobasulto.com/tag/obesidad-infantil/

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Bibliografía citada:

AECOSAN, Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Estudio ALADINO 2013. Madrid, 2014. En línea: http://www.ciberobn.es/media/434027/estudio_aladino_2013.pdf

Cassady BA, Considine RV, Mattes RD. Beverage consumption, appetite, and energy intake: what did you expect? Am J Clin Nutr. 2012 Mar;95(3):587-93. doi: 10.3945/ajcn.111.025437. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22258267/

Ludwig DS. Lifespan Weighed Down by Diet. JAMA. 2016 Jun 7;315(21):2269-70. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27043490