Queridos medios: dejen de repetir que el alcohol es saludable.

Como he comentado en Twitter, Juanjo Cáceres y yo andamos enfrascados en un nuevo libro, y eso significa que no vamos muy sobrados de tiempo, así que en este texto citaré bastantes tuits, en los que encontrarán más información y bibliografía, para acelerar la escritura y volver a la carga con el libro. En todo caso, al final he intentado incluir todas las referencias bibliográficas citadas.

 

 

El caso es que creo necesario hacer un pequeño “descanso” para hablar de nuevo de la promoción de los supuestos beneficios del alcohol y de algo que está ocurriendo en Estados Unidos. Si han leído o escuchado la charla que dediqué a la “copita de vino”, ya sabrán que no es cierto que el consumo “moderado” de alcohol sea saludable. Impartí la charla en marzo de este año, y desde entonces todos hemos tenido que seguir soportando la dichosa cantinela (enmascarada en ciencia difícil de interpretar para el común de los mortales) de que un poco de alcohol al día nos “podría prevenir” de morir prematuramente, además de que “posiblemente nos otorga” bastantes beneficios, algunos realmente tentadores. Aquí dos ejemplos muy recientes:

 

alcoholmoderación1

 

y

 

Este último ejemplo, que insinúa que el alcohol es beneficioso para la memoria, es particularmente flagrante, porque precisamente sabemos que incluso un consumo bajo de alcohol puede generar daños cerebrales.

 

 

Incluso hay profesionales sanitarios que sugieren que un poco de alcohol puede ser beneficioso. Cuando lo leo o escucho siempre me formulo preguntas tales como: ¿qué es exactamente “poco”?, ¿qué interpreta la población?, ¿quién recibe el mensaje?, es decir, ¿lo escuchan grupos muy vulnerables como menores de edad, embarazadas, conductores, víctimas del alcoholismo?, ¿interpretará la población que “si uno es bueno, tres es mejor”?. La mejor respuesta, sin embargo, la enunció el pasado 20 de julio el (fantástico) abogado Francisco José Ojuelos (@CriticaProcesal). Lean:

 


Insisto, el alcohol “con moderación” no es bueno para la salud, es peligroso para la salud. No soy el único que lo afirma, aquí tienen a unos cuantos colegas de profesión compartiendo en sus respectivas cuentas de Twitter la misma idea:

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué sucederá si nos repiten como loros, un día tras otro, que el alcohol “podría ser bueno”? Que se normalizará su consumo, claro, pero sobre todo que aumentará la cantidad de alcohol que bebemos y también el número de personas que beben alcohol, tal y como detalló Juanjo Cáceres (@juanjocaceresn) en su libro “Consumo inteligente”. Deben saber, por cierto, que en el 41% de las películas para niños aparecen marcas concretas de bebidas alcohólicas. No es casualidad.

 


En palabras del doctor Jürgen Rehm, alguien a quien admiro mucho, “el alcohol está ampliamente disponible y los anuncios nos envían el mensaje de que es inimaginable que alguien pueda existir sin alcohol”. Si no saben quién es Jürgen Rehm, hagan clic aquí.

Pues bien, la semana pasada supimos algo terrible: que uno de cada ocho americanos padece alcoholismo.

 


Es grave. Pero me parece más grave todavía lo que verán en el par de gráficas que tienen debajo de estas líneas.

Gráfica aumento consumo alcohol EEUU.jpg

 

Según leemos tanto en el artículo científico del que provienen los datos, publicado por la doctora Bridget F. Grant y sus colaboradores en JAMA Psychiatry en este mismo mes (agosto de 2017),  como en una noticia de ScienceNews que se hacía eco de él la semana pasada, no debemos pasar por alto que en el período comprendido entre los años 2001 y 2013, el consumo excesivo de alcohol aumentó en todos los grupos demográficos en Estados Unidos. Pero ojo, que en mujeres aumentó un 57,9% y en mayores de 65 años un 65,2%.

Dramático. Muy dramático. ¿Por qué? Porque (los datos provienen de un artículo de Grant y su equipo en 2015), los trastornos por el consumo de alcohol:

  • están entre los trastornos mentales más frecuentes en todo el mundo,
  • son muy incapacitantes,
  • están relacionados con muchas comorbilidades físicas y psiquiátricas,
  • contribuyen sustancialmente a la morbimortalidad global,
  • afectan la productividad y el funcionamiento interpersonal,
  • colocan cargas psicológicas y financieras a quienes abusan del alcohol, a sus familias, amigos y compañeros de trabajo,
  • afectan a toda la sociedad dado que el consumo de alcohol se relaciona de forma clara con accidentes de tráfico, violencia y delitos contra la propiedad.

El coste que suponía en Estados Unidos el consumo excesivo de alcohol en 2010 ascendía a 250.000 millones de dólares al año. Los autores no han calculado cuál será el coste actual, pero ya pueden imaginarse que no será precisamente menor. En un editorial que acompañó a la investigación, el doctor Marc A Schuckit, de la Universidad de California, además de felicitar a los investigadores por la “impresionante metodología” utilizada, señala que estamos ante la prueba fehaciente de que Estados Unidos enfrenta una crisis con el consumo de alcohol, muy costosa y que está a punto de empeorar”.

¿Sabían que unos 3,3 millones de personas mueren cada año en el mundo a causa del alcohol? Es decir, aproximadamente un 6% de todas las muertes podemos atribuirlas al alcohol. No lo digo yo, lo afirma la Organización Mundial de la Salud aquí.

Quizá estén pensando que a los españoles no deberían preocuparnos estas noticias, que vienen de tan lejos. Es cierto que nuestras cifras de alcoholismo son menores, y que el coste económico que supone en España el consumo de alcohol es menor (10.463 millones de euros, alrededor del 1% del Producto Interior Bruto –fuente-), pero no debemos olvidar que en nuestro país un 7,8% de las personas mayores, que no es poco (cerca de una de cada diez), sufren alcoholismo (J Acad Nutr Diet. 2015;115(2):213-24). Ni que en España, “incluso los bebedores moderados aumentan sus posibilidades de sufrir siete tipos de cáncer “ o que “el 15% de los tumores diagnosticados a los hombres tienen relación con el alcohol, frente al 10% de la media europea”, como pueden leer en este texto publicado en Materia, la sección de ciencia de El País y firmado por el periodista Javier Salas (@javisalas).

Si seguimos en España, en un texto publicado en la revista científica Adicciones, veremos que:

“[…] si se reduce el consumo de alcohol, incluyendo pero sin limitarse a conseguir la abstinencia, el riesgo de la mortalidad atribuible a todas las causas se reducirá en aproximadamente un 60% en total dentro de 9 años […] Estos efectos, no obstante, incluyeron los efectos sobre enfermedades cardiovasculares vía hipertensión […] la reducción del consumo de alcohol reducirá el riesgo y la severidad de otras comorbilidades”.

Tienen el artículo, titulado “Reducción de la mortalidad mediante una mejor detección de la hipertensión y los problemas con el alcohol en atención primaria de salud en España”, en este enlace. El primer firmante del texto fue el ya citado doctor Jürgen Rehm, pero también participó alguien a quien admiro tanto como a él: el doctor Antoni Gual (@antonigual).

 

En mi opinión, al paso que vamos y con el poco control que estamos haciendo del marketing directo, indirecto y encubierto del alcohol, acabaremos como los norteamericanos. Aquí un ejemplo de marketing del alcohol, con el que me tropecé hace poco en mi cuenta de Instagram:

 


¿Cómo solucionar la “crisis de salud pública” de Estados Unidos, que, insisto, es posible que adopte unas características similares en breve en España? No soy un experto en el tema, pero sí tengo claro tres cosas: que debe abordarse desde diferentes frentes, que jamás debe hacerse en connivencia con el lobby del alcohol ni confiar en la “autorregulación”, dado que no funciona ni por asomo (Addiction. 2017 Jan;112 Suppl 1:28-50.), y que conviene valorar la posibilidad de elevar el precio de las bebidas alcohólicas, de dificultar su disponibilidad y de prohibir su publicidad.

 

El doctor Marc A Schuckit, antes citado, propone diversas actuaciones, aunque cree que es poco probable “que se sufraguen en la atmósfera financiera actual” en su país. Añade, claro está, el grave problema que sufre Estados Unidos por la falta de cobertura gratuita y universal de los servicios de salud en su país, que sufren especialmente los sectores más desfavorecidos…que son precisamente los más vulnerables a los problemas ocasionados por el alcohol.

En su editorial, Schuckit incluye esta magnífica reflexión:

“Siento la responsabilidad personal de hacer lo que pueda para apoyar a los políticos, independientemente de si son demócratas, republicanos o independientes, a que reconozcan los beneficios de la investigación, entiendan la crisis de atención de la salud que enfrentamos y estén dispuestos a hacer algo al respecto […] si ignoramos estos problemas, volverán a nosotros a un costo mucho más alto a través de visitas a los servicios de emergencias, niños con discapacidad que probablemente necesiten atención durante muchos años por problemas prevenibles y mayores costos para las cárceles y prisiones […]”.

Si quieren saber más sobre la falacia “la copita de vino es buena”, les aconsejo decidar diez minutos a escuchar la charla que dediqué a este alcoholizado asunto (https://goo.gl/dzggGg). Charla, por cierto, que lleva ya más de 50.000 reproducciones, algo que me alegra, la verdad, por si su difusión logra contrarrestar, aunque sea una pizca, el daño que hace la promoción del consumo de alcohol en nuestra sociedad.

 

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Y si les queda tiempo, pueden leer los textos que voy dedicando en este blog al alcohol en este enlace: http://juliobasulto.com/tag/alcohol/

Aquí lo dejo y sigo con el libro.

Bibliografía citada:

  1. Anderson P, Chisholm D, Fuhr DC. Effectiveness and cost-effectiveness of policies and programmes to reduce the harm caused by alcohol. Lancet. 2009 Jun 27;373(9682):2234-46. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19560605
  2. Cunningham A. More U.S. adults are drinking, and more heavily. ScienceNews. 9 de Agosto de 2017. En línea: www.sciencenews.org/article/more-us-adults-are-drinking-and-more-heavily.
  3. Grant BF, Chou SP, Saha TD, Pickering RP, Kerridge BT, et al.. Prevalence of 12-Month Alcohol Use, High-Risk Drinking, and DSM-IV Alcohol Use Disorder in the United States, 2001-2002 to 2012-2013: Results From the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions. JAMA Psychiatry. 2017 Aug 9. doi: 10.1001/jamapsychiatry.2017.2161. [Epub ahead of print]. En: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28793133
  4. Grant BF, Goldstein RB, Saha TD, Chou SP, Jung J, Zhang H, et al. Epidemiology of DSM-5 Alcohol Use Disorder: Results From the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions III. JAMA Psychiatry. 2015 Aug;72(8):757-66. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26039070
  5. León-Muñoz LM, Galán I, Donado-Campos J, Sánchez-Alonso F, López-García E, Valencia-Martín JL, Guallar-Castillón P, Rodríguez-Artalejo F. Patterns of alcohol consumption in the older population of Spain, 2008-2010. J Acad Nutr Diet. 2015 Feb;115(2):213-24. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25288520
  6. Noel JK, Babor TF, Robaina K. Industry self-regulation of alcohol marketing: a systematic review of content and exposure research. Addiction. 2017 Jan;112 Suppl 1:28-50. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27188217
  7. Pulido J, Indave-Ruiz BI, Colell-Ortega E, Ruiz-García M, Bartroli M, Barrio G. [Population-based studies on alcohol-related harm in Spain]. Rev Esp Salud Publica. 2014 Aug;88(4):493-513. En línea: http://www.msssi.gob.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/resp/revista_cdrom/vol88/vol88_4/RS884C_JPM.pdf
  8. Rehm J, Gmel G, Sierra C, Gual A. Reducing non-communicable disease via better detection of hypertension and alcohol problems in primary health care in Spain. Adicciones. 2017 Jul 14;0(0):726. En línea: http://www.adicciones.es/index.php/adicciones/article/view/726
  9. Salas J. La mayoría de los europeos multiplica su riesgo de cáncer por beber alcohol. Materia (El País). 4 de julio de 2017. En línea: https://elpais.com/elpais/2017/07/03/ciencia/1499071888_675038.html
  10. Schuckit MA. Remarkable Increases in Alcohol Use Disorders. JAMA Psychiatry. 2017 Aug 9. [Epub ahead of print]. En línea:https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28793142
  11. Topiwala A, Allan CL, Valkanova V, Zsoldos E, Filippini N, Sexton C, et al. Moderate alcohol consumption as risk factor for adverse brain outcomes and cognitive decline: longitudinal cohort study. BMJ. 2017 Jun 6;357:j2353. En línea: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28588063
  12. World Health Organization. Global status report on alcohol and health 2014. WHO, 2014. En línea:  http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/112736/1/9789240692763_eng.pdf

 

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