Julio Basulto (@JulioBasulto_DN) y Francisco J. Ojuelos (@CriticaProcesal).

 

Una parte del caos nutricional que nos rodea podemos atribuirlo a la “industria codiciosa”, como se puede comprobar en el texto “Resistencia nutricional”. En él aparecen dos datos bastante reveladores:

  1. Que los fabricantes de comida rápida (“Fast food”) dirigida a niños invierten, según la Federal Trade Commission, 5 millones de dólares al día (han leído bien: al día) en promocionar sus sustancias comestibles…solo en Estados Unidos y solo ese tipo de “alimentos”. Una cifra cercana a los entre 3 y 5 millones de dólares que invierte al año (ojo, al año, no al día) la campaña “5 al día”, esa que aspira a que población tome un mínimo (¡no un máximo!) de cinco raciones diarias de frutas y hortalizas (1). Vamos, algo así como una hormiga intentando luchar contra manada de elefantes.
  2. Que la industria alimentaria se ha gastado, por ahora, 1,4 mil millones de dólares para que no vea la luz el etiquetado en semáforos (2). Será por algo, ¿no?

Podríamos añadir dos datos más, que aparecen ampliados en el libro “Más vegetales, menos animales”:

  1. Que los ingresos de los vendedores de sucedáneos de leche materna superarán los 65 mil millones de euros en 2019, según la Organización Mundial de la Salud (3). Es una cifra que equivale, euro arriba euro abajo, al gasto sanitario anual de las administraciones públicas en España (4).
  2. Que las empresas que venden bebidas azucaradas invierten cada año cerca de mil millones de dólares en publicidad (5).

Llegados a este punto, vale la pena preguntarse: ¿qué gobierno puede invertir 65 mil millones de euros en educar a la población sobre la importancia de la lactancia materna, o mil millones de dólares para educar a la población acerca de los riesgos de los “refrescos”?

Pero hoy, sobre todo, añadiríamos algo que acaba de aparecer (hoy mismo, 5 de abril de 2017) en la revista científica British Medical Journal. Se trata de un artículo firmado por Paul Thacker, y titulado “La influencia secreta de Coca-Cola en los periodistas médicos y de ciencia” (Coca-Cola’s secret influence on medical and science journalists) (6).

twitterbmj

En él leemos frases como las que siguen:

“Se ha utilizado dinero de la industria [alimentaria] para influenciar de forma encubierta a los periodistas con el mensaje de que el ejercicio es un problema mayor que el consumo de azúcar en la epidemia de obesidad, según documentos obtenidos bajo las leyes de libertad de información. Los documentos detallan cómo Coca-Cola financió conferencias de periodismo en una universidad estadounidense en un intento de crear una cobertura de prensa favorable para las bebidas azucaradas […]”

Al leerlo, nos ha venido a la mente la frasecita “balance energético” en la nueva pirámide de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, que en nuestra opinión guarda relación con lo anterior, es decir, hacernos creer que “lo que comes, aunque sea insano, lo puedes quemar si haces suficiente ejercicio”.

Si seguimos con el texto de Paul Thacker veremos que nuestros pensamientos no son tan descabellados:

“Para los fabricantes de bebidas, como Coca-Cola, ha sido importante difundir la idea de que consumir sus productos es correcto, siempre y cuando usted haga ejercicio, algo que se refuerza con costosas campañas publicitarias asociadas con el deporte. Yoni Freedhoff, profesor asistente de medicina de la Universidad de Ottawa, dijo a The BMJ: ‘Para Coca-Cola, el mensaje balance energético ha sido un mensaje crucial a cultivar, ya que su inferencia subyacente es que, incluso para los bebedores de bebidas azucaradas, la obesidad es más una consecuencia de la inactividad de lo que suele ser beber caramelo líquido”.

La primera vez que leímos a alguien llamar “caramelo líquido” a las bebidas azucaradas (mal llamadas “refrescos”) fue a la doctora Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud. Lo leímos en unas declaraciones suyas que aparecen en la contraportada del recomendable libro “Soda Politics” de la doctora Marion Nestle (no, su apellido no tiene nada, pero nada que ver con la conocida multinacional).

Paul Thacker también detalla el éxito que tuvo la financiación, por parte de Coca-Cola, a la Universidad de Colorado y a un profesor de pediatría (James Hill), que se tradujo en una publicidad favorable para la marca, que Thacker etiqueta con la palabra “ganga”. Pero las declaraciones que más nos han llamado la atención del texto son las de Yoni Freedhoff, antes citado, quien asegura lo siguiente:

“Es un gran negocio para Coca-Cola financiar el adoctrinamiento de periodistas en el dogma amistoso de Coca-Cola, un hecho que apuesto a que estaba claro para los expertos que ayudaron a Coca-Cola a ocultar su participación”.

Aunque la influencia de industrias como Coca-Cola no solo llega a los periodistas, como pueden comprobar en el texto “Bebidas azucaradas ¿engordan? Respuesta: ¿quién financia el estudio?”. En él se amplían los resultados de un interesantísimo estudio coordinado por la catedrática en nutrición Maira Bes-Rastrollo, y que pueden consultar aquí (7). Su conclusión es que muchas de las investigaciones que no observan una relación clara entre consumir bebidas azucaradas y sufrir obesidad están, “casualmente”, financiadas por la industria que comercializa tales bebidas. De hecho, el estudio concluye que los estudios “patrocinados” tienen cinco veces más posibilidades de no observar relaciones claras entre el consumo de bebidas azucaradas y un mayor riesgo de obesidad que los que no lo han sido.

Es preciso contextualizar críticamente, a la luz de todo lo dicho, noticias como la siguiente, del año 2013: Coca-Cola: el impuesto catalán a los refrescos “no saldrá”. El argumento de entonces era el varapalo judicial que un posible gravamen sobre las bebidas azucaradas había sufrido en Nueva York. Desde entonces, se ha andado mucho, como pueden comprobar en el texto “Las advertencias sanitarias en bebidas azucaradas se consolidan: La Asociación Americana de Bebidas contra la Ciudad y el Condado de San Francisco (Northern District of California Court Case 15-cv-03415-EMC).” (8)

Para el Juez Edward M. Chen la advertencia “ALERTA: tomar bebidas con azúcar (es) añadido (s) contribuye a la obesidad, la diabetes y la caries dental. Este es un mensaje de la ciudad y el condado de San Francisco” supera el juicio de legalidad preciso en el contexto del proceso concreto.

Muy resumidamente, para el Juez Chen no hay una verdadera disputa en cuanto a la exactitud literal de la advertencia requerida; ambas partes concuerdan que, al menos, las bebidas azucaradas pueden contribuir al aumento de peso porque proporcionan calorías, y tal ganancia de peso puede conducir a la obesidad y la diabetes. Existen, además, otros factores importantes según la Sentencia, como son la gran cantidad de calorías que tiene una sola bebida azucarada, el incremento de las porciones o tamaños de las bebidas azucaradas o que no tienen valor nutricional alguno en relación a su comparación con otras bebidas.

Pero queda mucho por hacer, porque frente a la salud pública se siguen esgrimiendo otros argumentos que siguen inclinando la balanza a favor de los intereses de la industria. Esperamos que la concienciación cada vez mayor de los consumidores vaya propiciando otro escenario.

Terminamos invitándoles a dos cosas. La primera, que lean el texto “Evitar las bebidas azucaradas, prioridad mundial”. Y la segunda, que lean algo mucho más breve, pero bastante contundente (9):

“Los esfuerzos para prevenir las enfermedades no transmisibles van en contra de los intereses comerciales de poderosos agentes económicos”.

¿Saben quién la ha escrito? Nada menos la doctora Margaret Chan, directora general de la OMS. Nada que añadir.

 

Bibliografía citada:

1.- Federal Trade Commission. Marketing food to children and adolescents. A review of industry expenditures, activities, and self-regulation. Julio de 2008. En línea: https://www.ftc.gov/sites/default/files/documents/reports/marketing-food-children-and-adolescents-review-industry-expenditures-activities-and-self-regulation/p064504foodmktingreport.pdf

2.- Mindell JS, Reynolds L, Cohen DL, McKee M. All in this together: the corporate   capture of public health. BMJ. 2012;345:e8082. En línea: http://www.bmj.com/content/345/bmj.e8082

3.- World Health Organization. Increasing breastfeeding could save 800 000 children and US$ 300 billion every year. 2017. En línea: http://www.who.int/maternal_child_adolescent/news_events/news/2016/exclusive-breastfeeding/en/

4.- Sevillano E.G. 10.000 millones menos para sanidad. El País. 14 de marzo de 2015. En línea: http://politica.elpais.com/politica/2015/03/14/actualidad/1426369300_405355.html

5.- Farley T, Just DR, Wansink B. Clinical decisions. Regulation of sugar-sweetened beverages. N Engl J Med. 2012 Oct 11;367(15):1464-6. En línea: http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMclde1210278

6.- Thacker P. Coca-Cola’s secret influence on medical and science journalists. BMJ 2017;357:j1638. En línea: http://www.bmj.com/content/357/bmj.j1638

7.- Bes-Rastrollo M, Schulze MB, Ruiz-Canela M, Martinez-Gonzalez MA. Financial conflicts of interest and reporting bias regarding the association between sugar-sweetened beverages and weight gain: a systematic review of systematic reviews. PLoS Med. 2013 Dec;10(12):e1001578; discussion e1001578. En línea: http://journals.plos.org/plosmedicine/article?id=10.1371/journal.pmed.1001578

8.- Schillinger D, Jacobson MF. Science and Public Health on Trial: Warning Notices on Advertisements for Sugary Drinks. JAMA. 2016 Oct 18;316(15):1545-1546. En línea: http://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2542158

9.- Dr. Margaret Chan. Director-General of the World Health Organization. WHO Director-General addresses health promotion conference. 10 de junio de 2013. En línea: http://www.who.int/dg/speeches/2013/health_promotion_20130610/en/