Me suelen preguntar qué opino de la muy común actitud de perseguir al niño con la comida cuando no desayuna, no merienda o no se acaba lo que hay en el plato. Suelo remitirles a mi libro “Se me hace bola”, al texto “No quiero que obliguen a comer a mi hijo en la escuela. ¿Qué puedo hacer?(que redacté junto al abogado Francisco Ojuelos), o a muchos otros artículos que he redactado en los últimos años sobre esta cuestión, como por ejemplo uno titulado “Si no te lo comes, no te querré“.

 

En uno de dichos escritos, titulado “Si le digo a mi hijo que la zanahoria “te ayuda a leer y a contar” o que la galleta “te fortalece” ¿comerá más…o menos?”, intenté dejar claro que presentar los alimentos a los niños sin decir ni una palabra sobre sus (hipotéticos) beneficios es lo mejor. Por el contrario, explicarles que algo es sano o “nos pone fuertes” puede ser contraproducente y generar una menor ingesta.

 

También he concedido unas cuantas entrevistas (como esta, en “Para todos la 2”), en las que he hablado de cuán importante es no obligar a comer a un niño algo que no le apetece. Tanto en el libro como en los textos o en las entrevistas suelo recurrir a investigaciones o guías de salud que corroboran que debemos respetar las innatas sensaciones de hambre y saciedad del niño, siempre sin olvidarnos de poner a su alcance comida sana y no alimentos superfluos.

 

Pero más que recurrir a datos científicos o a consensos de expertos, creo que estaría bien reflexionar en cómo se sentiría un adulto perseguido por su pareja si esta le preguntara insistentemente si tiene ganas de hacer el amor. Creo que se sentiría como esos niños acosados por sus padres para que coman: a más insistencia, más resistencia

 

De ahí el monólogo imaginario que aparece en el “tuit” que aparece bajo estas líneas, y que reproduzco a continuación:

 

Marido:

9 a.m.: —¿Te apetece hacer el amor?

11 a.m. —¿Y ahora?

13 h —¿Tienes ya ganas?

Sustituid “Marido” x “Padre”, y “hacer el amor” x “comer”.

 

comer o hacer el amor

 

Lo complementan un par de “tuits” más que también he compartido estos días. En el primero aparece otra comparativa entre una situación matrimonial y otra paterna:

 

Marido a su mujer:

—Acaba el plato o no hay postre.

¡Machista! ¡Tirano!

Padre a hijo:

—Acaba el plato o no hay postre.

¿Educador?

 

Marido a su mujer

 

Y en el siguiente “tuit”, por último, intento resumir mi opinión sobre esta cuestión en una sola frase:

¿Presionas a tu hijo para que coma? Pues piensa en cómo te sientes tú cuando te coaccionan: a más insistencia, más resistencia.

 

presionas a tu hijo para comer

P.D. No dejen de leer esta entada: “Generalitat de Catalunya a familias y monitores de comedor: no obliguen a comer a los niños“.

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