Julio Basulto (@JulioBasulto_DN) y Francisco Ojuelos (@CriticaProcesal)

 

Estamos convencidos de que el poder de las fuerzas que conspiran para que comamos mal es enorme, gigantesco, descomunal. Tanto es así que en alguna ocasión nos habrán escuchado decir “sálvese quien pueda”. Por si alguien está tentado de llamarnos agoreros, avisamos de que somos muy partidarios de parafrasear a José Saramago quien afirmó: “’Yo no soy pesimista, es el mundo el que es pésimo”.

 

Y es que esta semana hemos tenido más pruebas de lo pésimo que es el mundo y del poder de la industria alimentaria. Un poder capaz de obcecar a toda una sociedad pediátrica, como es el caso de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). Seguro que les suena de algo, porque hemos hablado de ella hace poco y de lo mal que nos parece que haya puesto su sello en un azucarado producto llamado “Actimel Kids”. Como azucarado es otro producto recién puesto a la venta y llamado “Mi primer Cola Cao”, en el que también encontramos el dichoso sello SEPEAP.

 

Hemos sabido de esta novedad gracias a Vanessa de Haro y a @gl0ri, a quienes les agradecemos mucho el aviso. Nuestra primera reacción fue de enfado, de ahí este tuit:

 

Pero vayamos al envase. Además de ver a un sonriente niño (sin caries), leemos varias declaraciones de salud en letras bien visibles. Ahora hablaremos de ellas, pero antes queremos hacer alusión a la frase “A partir de 36 meses”. ¿Por qué ponen 36 meses y no 3 años? En nuestra opinión, es para que pensemos en términos de bebés, y no de niños. La frase aparece en con un tamaño de letra muchísimo menor que cualquier otra declaración, en un lateral del producto, y la hemos visto porque la hemos buscado. Estamos bastante convencidos de que si alguien realizase una encuesta bien diseñada (y no pagada por la marca) descubriría que la mayoría de consumidores no leen dicha frase, e interpreta que este producto está destinado a cualquier clase de bebé, por pequeño que sea.

 

Sea como sea, veamos las declaraciones que aparecen en el envase:

 

  1. Con cacao natural
  2. Adaptado por pediatras
  3. Con vitaminas y minerales
  4. Con cereales
  5. Reducido en azúcares
  6. Con el toque justo de cacao
  7. Para desayuno y noche
  8. Desarrollado con pediatras: SEPEAP Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria

 

Lo del cacao natural es de chiste (¿acaso hay algún cacao artificial?), como también lo de “con cereales”, pero vamos a centrarnos en la afirmación “Reducido en azúcares”. Sí, es cierto, tiene menos azúcar que el Cola Cao tradicional (¡70% azúcar!), dado que el 36% del producto es azúcar. O sea, que más de la tercera parte del bote es azúcar. O, visto de otra manera, es como si una de cada tres cucharadas del producto fuese azúcar, que ahí es nada.

 

El caso es que el fabricante nos propone que nuestros hijos tomen dos vasos de 200 mililitros de leche (“Para desayuno y noche”), a los que añadiremos, en cada ocasión, 15 gramos de este producto. Por tanto, estos dos vasos habrán aportado 11 gramos de azúcares libres a nuestros hijos (la lactosa de la leche no computa como azúcares libres). Como cada gramo de azúcar aporta 4 kilocalorías, tenemos que ingiere con este par de cucharadas 44 kilocalorías. Al día, un niño de tres años, según la Academia Americana de Pediatría, conviene que tome (que nadie apunte esta cifra, es solo orientativa) unas 1000 kilocalorías. Así, ese hipotético niño habrá tomado al cabo del día con este Coca Cao el 4,4% de las calorías.

 

Esto último nos lleva al último informe de la Organización Mundial de la Salud sobre azúcares, en el que leemos que lo ideal es no superar el 5% de nuestras calorías a partir de azúcar “con miras a reducir los problemas de salud pública como la obesidad y la caries dental”. Una revisión publicada en septiembre de 2014 por Sheiham y James en BMC Public Health fue más allá, al señalar que “los objetivos de salud pública deberían establecer las recomendaciones de ingesta de azúcar por debajo del 3% de la energía ingerida”.

 

Como ven, resulta que tan solo con este producto, un niño de 3 años prácticamente cubre ese 5% que la OMS recomienda no superar, y está por encima del 3% propuesto por Sheiham y James.

 

¿Que tiene vitaminas y minerales? Hay muchos otros alimentos que aportarán esos nutrientes a sus hijos, sin que tengan que venir acompañados de azúcares añadidos, claramente implicados en la aparición de enfermedades crónicas, según la OMS.

Hablando de la OMS, ¿sabían que esta organización no titubea cuando afirma que el valor nutricional del azúcar es cero? Lean este texto si no se lo creen: http://juliobasulto.com/valor-nutricional-del-azucar-refinado-cero/

 

A todo aquel que quiera hacerle creer que un producto malsano deja de serlo por venir enriquecido en nutrientes, contéstele que es algo así como barrer el comedor dando golpes con la escoba a los muebles, a los jarrones, a la televisión o a las macetas. ¿Está usted limpiando, o más bien arregla una cosa y estropea otra?

 

Todo lo anterior nos lleva a preguntarnos, ¿qué pinta el sello de la SEPEAP en este producto? No es un alimento imprescindible en la dieta (en absoluto), pero tampoco es un producto que convenga avalar con un sello de una sociedad pediátrica, como hemos visto. Entre otros motivos, porque ello confundirá a los consumidores, dado que confían en la figura del pediatra (¿cuántos padres pensarán que como lleva el sello de una sociedad pediátrica puede aplicarse aquello de “más es mejor”?).

 

La respuesta que más nos encaja, a la espera de que la SEPEAP se justifique de forma directa, es que la motivación es puramente económica. Y ello sería perfectamente legítimo si existiese una compatibilidad con la legalidad, esto es, si lo que se vende como saludable realmente lo fuera. ¿Existe esta compatibilidad con las normas? No tenemos duda: la respuesta es no.

 

La estrategia de la marca es evidente: estampar en el envase o envoltorio el logotipo de una entidad médica tiene como objetivo sugerir una asociación del producto con la salud e inducir a los consumidores a su compra por ese factor (junto con otros o no). Es un factor determinante en este caso: junto a otros como el precio (no es el caso, habiendo “marcas blancas” de “endulzantes” para la leche) o palatabilidad (tampoco es el caso, escogen más los padres que los niños, en condiciones normales) su carácter pretendidamente saludable es el rasgo distintivo.

 

Pero resulta que el producto no es saludable. Tiene, como mínimo, demasiado azúcar.  Al menos (parafraseando al Consejo General de Colegios de Médicos de España, Comisión de Deontología), es “de dudoso beneficio para la salud”. Por lo tanto, aparte de que la Organización Médica Colegial ya haya decretado que poner en tal caso un sello de una sociedad médica es contrario a su deontología y, con ello, a la normativa reguladora de la profesión médica, la presentación del producto induce a pensar algo del producto que no es cierto.

 

Cualquier conducta (publicidad, presentación, etc.) que contenga información que, aun siendo veraz, por su contenido o presentación induzca o pueda inducir a error a los destinatarios, entre otros aspectos, en relación a su carácter apropiado (en este caso, para ser saludable) no es admisible por la ley  (Ley 3/1991, de 10 de enero, de Competencia Desleal, art. 5.1.b).

 

Tenemos la esperanza de que la Organización Médica Colegial actúe de forma contundente contra la SEPEAP cuanto antes y no hemos perdido la ilusión de que la formación de los consumidores y la reacción cada vez más necesaria de una Administración hasta ahora silente ayuden a cambiar el panorama. Que la industria fabrique y venda, pero que lo haga sin presentar sus productos como lo que no son. Y no es cuestión “solo” de salud pública o libertades: la factura del gasto sanitario derivado de la epidemia de obesidad y sobrepeso la pagamos todos.

 

P.D. 28 de octubre de 2016. El doctor Miguel Lurueña (@gominolasdpetro), amigo y responsable del admirable blog Gominolas de petróleo, ha compartido con nosotros una reflexión que creemos necesario añadir: estamos ante una forma de iniciación al consumo de este tipo de productos, con difícil vuelta atrás, dado que un niño que comience a tomar cola cao difícilmente va a aceptar luego beber leche sola.