Si hay algo que nos hartamos a decir los nutricionistas es que no hay en este mundo producto, material, sustancia, energía, método, remedio, fórmula, preparado, pastilla, zumo, batido, sopa, sobre, mejunje, poción mágica o, en general, cosa, que pueda sustituir a un buen estilo de vida si lo que queremos es tener una longevidad saludable. ¿Incluimos dentro del concepto “cosa” a los multivitamínicos? Sí, lo incluimos. De hecho, en “No más dieta”, mi primer libro (2010), detallé esta reflexión:

“Que no te den gato por liebre: los nutrientes de forma aislada no producen maravillas. Su «realidad científica» no puede venirte exagerada o distorsionada, por tres razones:

No es ético

Es anticientífico

Es ilegal”.

Que estamos ante algo antiético es de lo más lógico: magnificar o deformar los efectos de nutrientes o de alimentos para que pensemos que son algo así como el elixir de la vida eterna confunde a la población, que además de perder dinero, esperanzas y un tiempo precioso, puede pasar a pensar algo así como “¿Para qué preocuparme por comer sano, si total esta preciosa pastillita lo arregla todo cual 6 en 1?”.

También puede considerarse ilegal, porque resulta que en el Real Decreto 1487/2009, leemos lo siguiente: “El etiquetado, la presentación y la publicidad de los complementos alimenticios no incluirán ninguna afirmación que declare o sugiera que una dieta equilibrada y variada no aporta las cantidades adecuadas de nutrientes en general. El etiquetado, la presentación y publicidad no atribuirá a los complementos alimenticios la propiedad de prevenir, tratar o curar una enfermedad humana, ni se referirá en absoluto a dichas propiedades.”.

Vayamos pues a si es o no científico sugerir que un comprimido con tropocientas vitaminas, chorrocientos minerales y unas cuantas cosas más de premio “compensa”. Pero para ello no desempolvaré mi libro, sino que retrocederé tan solo dieciséis días, momento en el que un grupo de investigadores capitaneados por el admirable doctor Lukas Schwingshackl (curioso apellido para mis poco acostumbrados ojos a enfrentarse a dos vocales entre once consonantes -quizá él piense lo mismo del mío, claro-) ha publicado en Advances in Nutrition un estudio cuyo título casi obliga a pronunciarlo tras un sonoro redoble de tambores: “Suplementos dietéticos y riesgo de muerte por causas específicas, enfermedad cardiovascular y cáncer: revisión sistemática y metaanálisis de investigaciones de prevención primaria” (“Dietary Supplements and Risk of Cause-Specific Death, Cardiovascular Disease, and Cancer: A Systematic Review and Meta-Analysis of Primary Prevention Trials”).

En su análisis, Schwingshackl y colaboradores han evaluado si tiene sentido utilizar, para la prevención primaria de la mortalidad por causas específicas, por enfermedad cardiovascular y por cáncer los denominados complementos alimenticios, también conocidos como suplementos dietéticos. En concreto han revisado el supuesto efecto preventivo de vitaminas, ácidos grasos, minerales, suplementos que contengan una combinación de vitaminas y minerales, proteína (aminoácidos), fibra, prebióticos o probióticos. Para ello se han adentrado en los 49 estudios que pasaron la criba de sus estrictos criterios de inclusión (que abarcan a 287.304 participantes).

¿Vamos allá? El estudio revela, para empezar, que las vitaminas D, C y K, el selenio, el zinc, el magnesio y el ácido eicosapentaenoico (uno de los famosos ácidos grasos omega-3), no reducen de forma significativa el riesgo de mortalidad.

Por su parte, el estudio observa que los suplementos con bajas dosis de vitamina E, aunque no ejercen beneficios para la prevención del cáncer, sí se asocian con posibles reducciones de la mortalidad cardiovascular. Sin embargo, los investigadores añaden a renglón seguido tres consideraciones. La primera es que anteriores estudios tan rigurosos como el suyo mostraron “resultados contradictorios”, lo que nos hace pensar que falta seguir investigando antes de recomendar a la población que tome alegremente esta vitamina. Por otra parte, que un metaanálisis de ensayos controlados y aleatorizados constató que las dosis elevadas de vitamina E (≥400 Unidades Internacionales/día) podrían incrementar la mortalidad por todas las causas. Por último, destacan que una de las entidades de referencia en medicina, el US Preventive Services Task Force, desaconseja (ojo a la palabra) el uso de vitamina E para la prevención de las enfermedades cardiovasculares o el cáncer. Como suele decir el genial periodista Carles Mesa (@CarlesMesa), “ojo con eso”.

Sigamos. Han constatado posibles efectos beneficiosos de los suplementos de ácido fólico (del que hablé la semana pasada, por cierto) en la prevención primaria de las enfermedades cardiovasculares. Y también han hallado indicios (aunque poco sólidos –“of limited power”- y que deben ser interpretados con precaución -“should be interpreted with caution”-) de los suplementos de calcio (que también han tenido algún hueco en este blog) en la disminución del riesgo de cáncer.

Hago un pequeño paréntesis antes de continuar para formular la siguiente pregunta. A la luz de lo hasta ahora detallado, ¿recomendamos vitamina E en bajas dosis, ácido fólico y calcio a la población? La respuesta es “no”. En palabras de los investigadores: “Es necesario que futuros estudios confirmen los resultados detectados para la vitamina E, el ácido fólico y el calcio en el presente metaanálisis”.

Es momento de ir más allá. Porque el trabajo constata que los suplementos de vitamina A se relacionan con un mayor riesgo de cáncer y que dar suplementos con β-carotenos de forma aislada podría incrementar la mortalidad por todas las causas.

A continuación, una de las conclusiones más importantes del estudio: “hemos hallado insuficientes pruebas que sustenten la utilización de suplementos dietéticos en la prevención primaria de la mortalidad por causas específicas, la incidencia de enfermedades cardiovasculares y la incidencia del cáncer”. Aquí incluyen, claro está, a todas las sustancias revisadas, y que transcribo de nuevo para evitar dudas: vitaminas, ácidos grasos, minerales, suplementos que contengan una combinación de vitaminas y minerales, proteína (aminoácidos), fibra, prebióticos o probióticos.

No olviden que el cáncer y las enfermedades cardiovasculares encabezan las causas evitables de mortalidad, ni tampoco que sí tenemos sólidas pruebas que sustentan claros beneficios de seguir un buen estilo de vida para mejorar la calidad y la esperanza de vida. Supongo que no lo dudan, pero por si acaso, no dejen de leer el excelente documento “Healthy lifestyles” publicado en enero de 2016 por la entidad Institute for Clinical Systems Improvement.

En resumen: los suplementos dietéticos no solo no compensan una mala dieta, sino que algunos incluso pueden poner en riesgo su salud. Ojo con eso.

 

Nota: eternamente agradecido al (magnífico) abogado Francisco J. Ojuelos (@CriticaProcesal) por la impagable revisión de este texto.

Fuente: Schwingshackl L, Boeing H, Stelmach-Mardas M, Gottschald M, Dietrich S, Hoffmann G, Chaimani A. Dietary Supplements and Risk of Cause-Specific Death, Cardiovascular Disease, and Cancer: A Systematic  Review and Meta-Analysis of Primary Prevention Trials. Adv Nutr. 2017 Jan 17;8(1):27-39. En: www.pubmed.gov/28096125