Acabo de compartir en mi cuenta de Facebook una breve reflexión sobre la importancia de respetar el apetito del niño (algo de lo que hablé hace muy poquito en este blog, en un texto titulado “Respetar el apetito infantil: nuevos datos“). Dicha reflexión ha tenido bastante éxito (más de 100 veces compartida en la última hora) así que he pensado en compartirla también en este blog, entre otros motivos para que llegue a las personas que están suscritas a él (¡4150!).

Pero también se me ha ocurrido algo más: hacer una foto para ilustrar con ella mi opinión sobre el tema. La tienen encima de estas líneas: ¿qué ocurrirá con la delicada taza que aparece en la fotografía (así de delicada es la regulación del apetito del niño) si seguimos presionándola? Ya pueden imaginárselo.

En fin, aquí traigo la reflexión, por si os sirve de algo:

«Lo dije en mi libro “Se me hace bola“, pero voy a repetirlo por aquí, por si alguien todavía no lo tiene claro: jamás hay que insistir, presionar, sobornar, manipular y mucho menos premiar o castigar a ninguna persona para que coma. Y cuando digo “ninguna persona”, por supuesto, incluyo a las personas más vulnerables: los niños.

El principal motivo por el que no hay que hacerlo es por respeto. También por ética e incluso por sentido común.

El segundo motivo es que está demostrado que utilizar la coacción para que un niño coma es contraproducente y puede predisponer a dicho niño a padecer aversiones dietéticas que pueden perdurar mucho tiempo, y también a sufrir años después obesidad o (peor aún) ciertos trastornos del comportamiento alimentario [Nota: tenéis más información sobre este particular en el texto que redactamos en mayo de 2015 el abogado Francisco José Ojuelos y yo, titulado “No quiero que obliguen a comer a mi hijo en la escuela, ¿qué puedo hacer?“].

Y el tercer motivo, por razones dietético-nutricionales: solo el niño sabe cuántas calorías necesita. No aparece en una milimetrada tabla, no lo sabe un endocrino, no lo sabe un pediatra y no lo sabe un dietista-nutricionista. Si el niño no come como queremos que coma, lo más probable es que no necesite comer y que seamos los adultos los que tengamos que aprender dos cosas: que el apetito del niño es errático e impredecible, y que solo el cerebro del niño sabe cuándo su cuerpo precisa más energía para crecer o desarrollarse.

Es cierto que hay ciertas patologías que cursan con falta de apetito, pero lo que debemos hacer los profesionales sanitarios en tales casos es tratar la patología, no tratar la falta de apetito. Como siempre explica mi amigo Jorge García Bastida, cuando hay un incendio no apagamos la alarma (en este caso, la falta de apetito), sino que apagamos el fuego (en este caso, la enfermedad que genera la falta de apetito).

El papel de padres o cuidadores consiste sobre todo en dar ejemplo y en poner al alcance del niño una variedad de alimentos saludables. O, visto de otra manera, en quitar de su vista y de su alcance productos insanos».

 
 

Nota: Os recuerdo que el próximo 16 de septiembre de 2017 el pediatra Carlos González y yo hablaremos de alimentación infantil en Barcelona (y online -streaming), en un evento denominado “I Jornada de alimentación infantil”. Tenéis toda la información aquí: http://juliobasulto.com/i-jornada-alimentacion-infantil-carlos-gonzalez-julio-basulto-presencialonline/

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