Transcripción del texto redactado originalmente para el blog de “La Sirena” en mayo de 2014.

 

Síntomas de la menopausia y nutrición.

 

La menopausia no es una enfermedad, sino una etapa más de la vida de las mujeres. Por desgracia, muchas de ellas reciben injustificados tratamientos farmacológicos durante los años que dura esta fase.  En junio 2005, la revista Annals of Internal Medicine recogió un riguroso consenso de los Institutos Nacionales de la Salud de Unidos, en el que se indicó que la menopausia está “medicalizada”. Es decir, se está considerando que un período normal en las mujeres no es otra cosa que una condición médica que requiere de la utilización de medicinas. Nada más lejos de la realidad. Hoy por hoy, los nutricionistas observamos que esto también sucede en el ámbito dietético. En el presente texto reviso diversos “tratamientos” dietéticos para los síntomas de la menopausia e insisto en la importancia de seguir una “díaita” sana.

 

Sobre la menopausia y sus síntomas.

 

La menopausia hace referencia al final de la menstruación, que ocurre, en general, entre los 45 y los 55 años de edad, aunque también puede presentarse tanto a los 40 como a los 60 años. Se considera que esta etapa se ha completado cuando una mujer lleva 12 meses consecutivos sin tener el periodo. Debido a los cambios hormonales que se producen en esta etapa, algunas mujeres presentan ciertos síntomas. Los más relacionados con la menopausia son los sudores nocturnos, la sequedad vaginal o los sofocos. Estos últimos, muy comunes, suelen durar entre 2 y 3 años, pero también pueden persistir durante 10 años, por lo que conviene informar a las mujeres de que es algo que puede ocurrir.  No está claro si otros síntomas, como la incontinencia urinaria, el cansancio o los cambios de humor, tienen relación con la menopausia.

 

¿Nutrientizamos?

 

Como he indicado antes, numerosos investigadores consideran que vivimos inmersos en la “era de la medicalización”, y no solo por la excesiva utilización de tratamientos farmacológicos, también por el abuso de cualquier clase de método o enfoque, sea tradicional o alternativo. Lo expuso con maestría el Dr. Lawrence J. Schneiderman en la edición de verano de 2003 de la revista The Journal of law, medicine & ethics.

 

Esta “medicalización” es particularmente notoria en la menopausia. Existe una excesiva prescripción de fármacos, cuyo uso solo debe responder a criterios sólidos. Pero también se observa una creciente utilización de: nutrientes (como el calcio o la vitamina D, cuyo uso está poco justificado en esta etapa), suplementos dietéticos “naturales”, o plantas “medicinales”.

 

Tales sustancias o productos se pautan con el objetivo de abordar síntomas que en la mayor parte de casos son leves y pasajeros. Podríamos bautizar esta práctica como “nutrientización”. Que nadie busque la palabra, porque acabo de inventármela. Si existiera, sería el sustantivo verbal que utilizaríamos para denunciar la excesiva prescripción de alimentos, nutrientes o sustancias afines, en base a supuestas propiedades para la salud no demostradas en estudios rigurosos.

 

Terapia alternativas más utilizadas

 

Pese a que tanto Nedrow y colaboradores (2006), como Borrelli y colaboradores (2010), indican que no hay pruebas que apoyen la eficacia de las terapias complementarias o alternativas para manejar los síntomas de la menopausia, lo cierto es que actualmente son muy utilizadas. Una de las revistas más relevantes en el ámbito de la menopausia, denominada Climateric, publicó en febrero de 2013 una interesantísima investigación que concluyó que las mujeres recurren muy a menudo a las terapias alternativas durante esta etapa de la vida. Las prácticas más utilizadas son (en orden de importancia): plantas medicinales, soja/fitoestrógenos, aceite de onagra y relajación/yoga. No puedo opinar sobre la relajación y el yoga, porque no es mi especialidad, pero sí creo importante dedicar algunas líneas al resto de planteamientos.

 

Plantas “medicinales” u otros complementos dietéticos

 

Una extensa revisión sistemática de la literatura científica, publicada en Menopause en septiembre-octubre de 2003, concluyó que no existe ninguna evidencia convincente que apoye el uso de ningún producto a base de plantas para tratar los síntomas de la menopausia. Llegó a la misma conclusión una investigación publicada seis años mas tarde, en la edición de enero de la revista Drug and therapeutics bulletin (de grupo British Medical Journal). En este trabajo se advierte que estos remedios pueden ejercer acciones farmacológicas con efectos colaterales no deseados. Pueden, además, interaccionar de forma peligrosa con otros tratamientos que esté tomando la mujer, sean “herbáceos” o convencionales.

 

En cuanto al aceite de onagra (el “tratamiento” más utilizado tras las plantas “medicinales”), el portal MedlinePlus, perteneciente a los Institutos Nacionales de la Salud de Estados unidos, ha señalado recientemente (octubre del presente año) que no hay pruebas que nos hagan pensar que su consumo vaya a aliviar los síntomas de la menopausia.

 

Más recientemente, en marzo de 2013 (J Ginseng Res), hemos sabido que el Ginseng, muy utilizado como supuesta “ayudita”, no tiene suficientes pruebas de eficacia. Por último, en noviembre de 2013, el Centro Nacional de Medicina Alternativa y Complementaria de Estados Unicos (NCCAM) ha declarado que hay muy pocas pruebas que sustenten la utilidad, para tratar los síntomas de la menopausia, de la cimicífuga o cohosh negro, la Kava, el trébol rojo, el Dong quai, o angélica china, el DHEA (una sustancia que puede sintetizarse a partir del ñame silvestre) o las isoflavonas de la soja (hablo de ellas en unas líneas).

 

Pero eso no es todo, porque el aceite de onagra puede causar efectos secundarios como problemas estomacales, nausea, diarrea, y dolor de cabeza. La cimicífuga (cohosh negro), puede dañar el hígado. La Kava también puede causar daños hepáticos, en este caso graves. El trébol rojo puede generar erupciones, dolor muscular o sangrado vaginal en algunas mujeres. El Dong quai, o angélica china, contiene sustancias que podrían causar cáncer. Y el DHEA puede generar acné, caída de cabello, crecimiento de pelo en la cara. No extraña, por tanto, que las autoridades sanitarias no solo nos adviertan de la falta de eficacia de los “tratamientos” detallados en este apartado, sino también de su falta de seguridad. El NCCAM indica hoy que “Los productos naturales usados para los síntomas de la menopausia pueden generar efectos secundarios”. Todos ellos están desaconsejados en el embarazo.

 

 

Soja o fitoestrógenos de la soja

 

Las isoflavonas son unas sustancias presentes en la soja o sus derivados, pero que también se pueden consumir en forma de suplementos. Son muy utilizadas por las mujeres en la menopausia, como he indicado más arriba. No obstante, no hay evidencias que nos muestren que son útiles para tratar los síntomas de las mujeres en esta etapa de la vida. De hecho, desde 2012 está prohibido en Europa acompañar a las isoflavonas de la soja de declaraciones de salud que insinúen que son útiles para reducir los llamados “síntomas vasomotores” asociados con la menopausia.

 

Tampoco se permite afirmar que estas sustancias mantienen la densidad mineral ósea. No se permite por la simple razón de que no hay pruebas que sustenten una relación causa-efecto entre el consumo de isoflavonas y los beneficios citados. Se puede comprobar en este dictamen que publicó la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas en inglés) en agosto de 2012. Este punto de vista lo confirmó en marzo de 2013 un estudio publicado en la revista Menopause.

 

De todo lo anterior no podemos concluir, sin embargo, que el consumo de legumbres (entre las que se incluye la soja), no tenga beneficios para la salud. Sí los tiene, como podemos comprobar en un rigurosísimo análisis publicado en mayo de 2014 en la revista CMAJ (Canadian Medical Association journal), que ha concluido que tomar a menudo legumbres puede reducir de forma significativa los niveles de colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”).

 

Mejor estilo de vida

 

Además de tomar más legumbres (y alimentos de origen vegetal en general), hay algo más que conviene hacer en la menopausia, y es mejorar el estilo de vida o “díaita” (término griego que hace referencia a los hábitos de vida). Tenemos sólidas pruebas que indican que alejarse del sedentarismo, del tabaquismo, y del alcoholismo, mejora de forma clara la calidad de vida antes, durante o después de la menopausia.

 

Aunque empecemos tarde a seguir un buen estilo de vida, ello puede aumentar las posibilidades de disfrutar de un envejecimiento saludable. Es decir, conservaremos mejor nuestras habilidades físicas y mentales y disminuiremos las posibilidades de sufrir dolencias típicas de esta edad, y mucho más preocupantes que los síntomas de la menopausia, como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la diabetes tipo 2.