Artículo originalmente publicado en julio de 2015 en el blog “Espacio Abierto” (psicología y nutrición), y actualizado en agosto de 2017.

 

Imagínese que va por la calle y ve el cartel de una escuela de conducción (“Autoescuelas Manolo”, por poner un ejemplo), en el que leemos:

  • Permisos de conducir a los mejores precios
  • Centro homologado
  • Aprenda a conducir con seguridad
  • Contamos con los mejores docentes
  • Tememos docentes que imparten clases alternativas: conducir aguantando la respiración, con la gorra al revés, con las uñas pintadas de negro, guiñando un ojo y con una pinza en la oreja.

¿Se apuntaría? Yo no lo haría ni por todo el oro del mundo. Pero incluso iría más allá: me preguntaría seriamente cómo es que alguien homologa un centro que imparte esas “clases alternativas”.

Estoy seguro de que cualquier profesional sanitario mínimamente concienciado, y no solo nutricionistas, sentirá un escalofrío al saber que en una farmacia encontramos homeopatía, pero hoy quiero centrarme en lo que sentimos los dietistas-nutricionistas cuando leemos, una y otra vez, la palabra “homeopatía” cerquita de la palabra “dietética” en los cristales de miles de farmacias, en letras bien grandes.

Si es que de verdad alguien imparte consejos dietéticos en esa farmacia (que convendría que fueran dietistas-nutricionistas, dicho sea de paso), dar el mismo peso a la homeopatía, una creencia sin ninguna clase de fuste se mire como se mire, supone un agravio muy doloroso para todo dietista-nutricionista preocupados por la salud pública.

Estoy en contra de la sobremedicación y de la medicalización de la sociedad, como expliqué en la entrada “Plantas medicinales “que arruinarían las farmacéuticas”… ¡venga ya, hombre!”, pero no es tolerable que la población considere que la homeopatía tiene el mismo peso sanitario que tratamientos farmacológicos con evidencias contrastadas de eficacia y seguridad en las condiciones en las que están indicados.

O que crea, insisto, que homeopatía y dietética cuentan con la misma base científica. Si no están al caso del fraude de la homeopatía, lean sin falta esta entrada del catedrático Edzard Ernst (@EdzardErnst): “15 ‘arguments’ for homeopathy“.

Eso, y nada más, es lo que he querido expresar con el cartel que colgué el miércoles pasado en mi cuenta de Twitter:

 

 

P.D., agosto de 2017. Hoy añadiría a lo dicho lo siguiente:

1.- Esta revisión sistemática de la literatura científica que detalla potenciales efectos adversos de la homeopatía: Posadzki P, Alotaibi A, Ernst E. Adverse effects of homeopathy: a systematic review of published case reports and case series. Int J Clin Pract. 2012 Dec;66(12):1178-88. Texto completo disponible en: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/ijcp.12026/full

2.- Esta extensa revisión de la literatura científica, publicada en 2015, que concluyó que, como era de esperar, no existe prueba alguna de eficacia de la homeopatía para ninguna condición: NHMRC Statement on Homeopathy and NHMRC Information Paper – Evidence on the effectiveness of homeopathy for treating health conditions.

3.- Esta nueva entrada en el blog de Edzard Ernst (@EdzardErnst): “New meta-analysis confirms that the clinical effects of homeopathic remedies do not differ from placebos“.

4.- Este necesario texto recién publicado por el doctor Vicente Baos (@vbaosv): “La homeopatía como abordaje no científico de la terapia farmacológica“.

 

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