Artículo originalmente publicado en el blog de “La Sirena” (colaboré hasta 2015) en noviembre de 2015. Actualizado en septiembre de 2017.

¿Dieta del Índice glucémico?

El número de investigaciones sobre el índice glucémico y la carga glucémica no cesa de aumentar. No debe extrañarnos, por tanto, que en el ámbito de la nutrición humana se hable cada vez más de estos dos conceptos. Pero no siempre se habla con propiedad: en bastantes ocasiones se distorsiona la realidad científica hasta límites insospechados e incluso se crean “milagrosas” dietas basadas en estos conceptos a las que se atribuyen portentosos beneficios para la salud. De ahí que hoy le dedique unas líneas a esta cuestión.

El concepto “Índice Glucémico” fue acuñado por primera vez por el profesor Walter Willett y sus colegas en 1997 (Diabetes Care. 1997 Apr;20(4):545-50). Desde entonces hasta hoy se han publicado centenares de investigaciones en base a este índice, como es el caso de un estudio recién publicado (octubre de 2015) en la revista Journal of the American Geriatrics Society, y coordinado por la doctora Mónica Bulló. Por desgracia, no siempre se habla tan bien como lo han hecho la doctora Bulló y su equipo: periódicamente aparecen falsas y exageradas promesas de mejora de la salud relacionadas con el índice glucémico o la carga glucémica, así que creo que hoy es muy necesario mirar de cerca estos “constructos”.

¿Qué entendemos por índice glucémico o carga glucémica?

Antes de hablar de algo es preciso describir ese “algo”, así que voy a intentarlo. El Índice Glucémico (IG) es un valor que en teoría permite cuantificar cómo responden nuestros niveles sanguíneos de glucosa después de ingerir un alimento con 50 gramos de carbohidratos (aunque a veces se valora con la mitad, 25 gramos), en comparación a cómo lo hacen tras consumir la misma cantidad de carbohidratos a partir de una solución con glucosa o, en algunas ocasiones, pan.

A la glucosa (o al pan) se le otorga un valor de IG de 100, y el resto de alimentos se clasifican en función de dicho patrón. Diremos que un alimento presenta un alto IG si oscila entre 70 y 100. Si los valores rondan entre 40 y 70, consideraremos que estamos ante un IG medio, y sería bajo si presenta menos de 40 (o, según otros documentos, 55).

En la mayor parte de ocasiones, cuanto más cerca esté el IG de un alimento al IG de la glucosa, es decir, cuanto más se acerque a 100, peor será su perfil nutricional y mayor será el riesgo de que estemos ante un producto que incremente el riesgo de padecer enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición, como la diabetes o la obesidad.

¿Qué entendemos por “carga glucémica”?

El concepto “carga glucémica” (CG), por su parte, es algo más complicado, ya que surge como producto del Índice Glucémico (IG) y de la cantidad de carbohidratos ingeridos (CG=IG x carbohidratos en una cantidad concreta de alimento). Es decir, nos permite diferenciar lo que ocurre cuando tomamos, por ejemplo, una zanahoria (que aunque tiene carbohidratos, su proporción es muy baja), de lo que sucede cuando tomamos un alimento rico en carbohidratos, como puede ser el arroz. Indica la cantidad de glucosa disponible para metabolizar o almacenar tras la ingesta de un alimento que contenga carbohidratos.

Dudas

Ambos conceptos se han propuesto en varias ocasiones (en muchos casos formando parte de “dietas milagro” como la dieta de la zona) para que realicemos selecciones de alimentos que mejoren el perfil nutricional de nuestra alimentación.

Sin embargo, la última actualización de la FAO-OMS sobre el papel de los carbohidratos en nutrición humana, aconsejó “mantener una actitud cauta al escoger alimentos basándonos tan solo en el índice glucémico o en la carga glucémica”.

Poco después, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), concluyó que las evidencias que relacionan el IG y la CG con el mantenimiento del peso o con la prevención de enfermedades relacionadas con la dieta son inconcluyentes. La EFSA, que es la máxima autoridad europea en alimentación, se enfrentó a esta cuestión en su documento “Opinión Científica sobre los Valores Dietéticos de Referencia para carbohidratos y fibra dietética” (Scientific Opinion on Dietary Reference Values for carbohydrates and dietary fibre), publicado en 2010.

En el consenso de obesidad de la Federación Española de Sociedades de Nutrición Alimentación y Dietética, publicado dos años después, se concluyó que “No existe suficiente evidencia que permita afirmar que el IG y la CG de la dieta se asocien a un incremento del peso corporal en adultos sin patologías”.

¿Y en personas con diabetes?

En cuanto a las personas con diabetes, aunque tanto el índice glucémico como la carga glucémica pueden ser de cierta utilidad, es preciso detallar que la Asociación Americana de Diabetes, señala que su uso para manejar esta patología puede ejercer beneficios “modestos” en relación a otros abordajes dietéticos menos complicados.

Más taxativa es la Asociación Americana de Dietética, quien indicó a los dietistas-nutricionistas que usan el IG en pacientes con diabetes que las evidencias científicas sobre esta estrategia son “conflictivas”.

Conflictos “glucémicos”

Un ejemplo de los conflictos que detallan las entidades antes citadas es que existen alimentos con bajo IG que tienen cantidades sustanciales de azúcares, grasas o sal. Dodd y colaboradores (Am J Clin Nutr. 2011 Oct;94(4):992-6) también observaron que las típicas fórmulas para valorar el IG o la CG sobreestiman su efecto entre un 22% y un 50%, y por ello estos investigadores advirtieron “de las limitaciones de dichos métodos”.

Pero lo más interesante (aunque también algo difícil de explicar) es que muchos de los beneficios que se suelen atribuir al índice glucémico o a la carga glucémica es probable que en realidad sean gracias a la fibra dietética de los alimentos. Y es que las dietas con un bajo índice glucémico tienen la característica común de estar formadas fundamentalmente por alimentos ricos en fibra dietética. Es algo que detalló la Asociación Americana de Diabetes en su documento “Nutrition Therapy Recommendations for the Management of Adults With Diabetes”, publicado en enero de 2014 en la revista Diabetes Care.

Han ampliado esta cuestión los doctores Frank Sacks, Lawrence Appel y Vincent Carey el 7 de abril de 2015 en la revista JAMA. En su escrito, relacionado con una investigación de los mismos autores (JAMA. 2014 Dec 17;312(23):2531-41), detallan que los efectos a largo plazo del control del índice glucémico de los alimentos son mínimos. Insisten, de hecho, en que es probable que los efectos beneficiosos de controlar el índice glucémico (Ej. control del colesterol sanguíneo) sean atribuibles a la fibra dietética. Dudas que, como hemos visto, también tiene la Asociación Americana de Diabetes.

Fibra dietética

Sabemos que es muy probable que la fibra dietética sea un “factor de confusión” implicado en las observaciones relacionadas con el índice glucémico o la carga glucémica. ¿Dónde encontramos la fibra dietética? En alimentos de origen vegetal “poco procesados”. Pongo “poco procesados” entre comillas porque tanto una bebida alcohólica como el azúcar blanco son alimentos de origen vegetal, pero como no son “poco procesados”, su contenido en fibra dietética será nulo o despreciable.

En resumen

Las investigaciones serias que evalúan los conceptos “índice glucémico” y “carga glucémica” suelen comenzar indicando que suponen “un interesante y candente campo de investigación”. De hecho, sus conclusiones sobre qué conviene comer para mantener un buen estado de salud a largo plazo suelen coincidir con los consejos que emite hoy por hoy cualquier entidad sanitaria.

Así, es prematuro incluir el índice glucémico y la carga glucémica en las recomendaciones dietéticas dirigidas a la población, tal y como han indicado el doctor Frank Sacks y su equipo,. Opinaron de igual manera Hare-Bruun y sus colaboradores en la revista Nutrition Reviews (Nutr Rev. 2008 Oct;66(10):569-90). Como pueden imaginarse, no voy a ser yo quien les lleve la contraria. En mi opinión, solo los dietistas-nutricionistas u otros profesionales sanitarios formados en nutrición humana y dietética están capacitados para manejar las tablas de índice glucémico o carga glucémica sin meter la pata. Si usted eres uno de ellos le sugiero que guarde como oro en paño las Tablas Internacionales de Índice Glucémico y Carga Glucémica elaboradas por la doctora Fiona Atkinson y su equipo (Diabetes Care. 2008 Dec;31(12):2281-3).

En suma, salvo en contadas ocasiones, los nutricionistas consideramos que resulta más útil para el ciudadano de a pie no olvidar cuáles son las bases de toda dieta saludable.

P.D. En julio de 2017, la doctora Christine Clar y sus colaboradores publicaron en la prestigiosa revista científica The Cochrane database of systematic reviews una revisión de ensayos controlados aleatorizados cuya conclusión fue: “No se dispone en la actualidad de evidencia con respecto al efecto de las dietas con bajo IG sobre los eventos de las enfermedades cardiovasculares. Además, no hay en la actualidad evidencia convincente de que las dietas con bajo IG tengan un efecto beneficioso claro sobre los lípidos sanguíneos ni la presión arterial” (Cochrane Database Syst Rev. 2017 Jul 31;7:CD004467).

Julio Basulto (@JulioBasulto_DN)

 

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