Julio Basulto, 7 de febrero de 2016

Coca-Cola acaba de estrenar nueva campaña de marketing. Antes hablaban de felicidad, algo que a los nutricionistas nos ponía los pelos de punta, y ahora hablan de sabor. Pensábamos, ingenuos de nosotros, que esta nueva estrategia sería menos mala para la salud pública, pero no. Por eso vengo hoy con la quinta entrega de la categoría #CaraQuePonemosL@sNutricionistasCuando (las cuatro anteriores, aquí). Y es que al entrar en el metro de Barcelona el pasado viernes, me topé con un cartel de dos metros de alto en el que una sugerente boca femenina estaba a punto de chupar un anillo de boda como el que yo tengo en mi dedo anular, empujándolo con una botella de Coca-Cola. Lo tienen en la parte inferior izquierda de la imagen que aparece debajo de estas líneas. Encima de dicha imagen, otro cartel más, lo suficientemente explícito como para que me ahorre aclaraciones.

No hace falta decir que las dos fotos (hay muchas más, lógicamente) utilizan una clara provocación sexual que coloca a la mujer como objeto o sujeto pasivo, y a la botella como símbolo fálico. Usan a chicas jóvenes para reforzar un estereotipo sexual, algo que muchos autores consideran como “cosificación de la mujer” o “discriminación por género” (tienen más información sobre la subordinación de las mujeres en los anuncios en este estudio), entre otras cosas para que gente como yo caigamos en la trampa y hagamos difusión de la marca anunciada. Y es que, por paradójico que parezca, nuestras críticas, aunque estén justificadísimas, aumentarán su notoriedad y por lo tanto sus ventas.

Pese a todo, creo necesario indicar por qué a los nutricionistas se nos queda una cara como la que aparece en la parte derecha del cartel: no solo nos parece mal por aspectos de género, también es porque consumir bebidas azucaradas puede reducir nuestros años de vida sexual activa y satisfactoria. Es decir, justo lo contrario de lo que insinúan los dos anuncios mencionados.

¿Por qué? Porque, según justifiqué en el texto “Evitar las bebidas azucaradas (“refrescos”), prioridad mundial”, el consumo habitual estos mejunjes aumenta de forma clara el riesgo de obesidad, de diabetes tipo 2, de enfermedades cardiovasculares, de algunos tipos de cáncer y de otras enfermedades crónicas, también conocidas como “no transmisibles”. Enfermedades que sabemos que pueden afectar negativamente a nuestra libido y, desde luego, a nuestra salud sexual. Tienen más información en una investigación de Lindau y Gavrilova publicada en 2010 en BMJ, y en el texto “¿Puedo mejorar mi libido con la dieta?”, que redacté en noviembre de 2014. A lo allí dicho, añadiría esta frase:

“Los errores dietéticos habituales entre varones humanos, tales como el consumo de bebidas azucaradas, pueden conducir a una lenta y asintomática progresión de la disfunción eréctil, resultando finalmente en una clara manifestación de la disfunción eréctil”.

La frase no es mía sino de Adamowicz y Drewa, tal y como pueden comprobar en la investigación que publicaron en 2011 en la revista científica Central European Journal of Urology.

Así que si yo tuviera que hacer un anuncio con estas bebidas, haría uno similar al que utiliza la Organización Mundial de la Salud para disuadir del tabaquismo, en el que aparece un cigarrillo en forma de pene, flácido a causa del efecto negativo del tabaco sobre la salud sexual. Lo pueden comprobar aquí.

P.D. Muy agradecido a mi amiga Roser Jordà por su ayuda en la redacción de este breve texto.

 

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