Es posible que el título que he puesto a este texto suene a “blasfemia nutricional”, dado que existen a nuestro alrededor muchísimos mensajes invitándonos a beber aunque no tengamos sed, pero puedo asegurar que el título se ajusta a la realidad. Como se acerca el calor del verano, y dichos mensajes es muy probable que se multipliquen, creo que es importante insistir en que, salvo en unas pocas excepciones, el mecanismo de la sed funciona lo suficientemente bien como para que no tengamos que preocuparnos por vivir pegados a una botella de agua.

El año 2002 y los “8 vasos de agua”

Para abordar la cuestión discutida en este post, es preciso, en primer lugar, retroceder hasta 2002, año en el que el doctor Heninz Valtin, profesor emérito de fisiología y neurobiología en la Dartmouth Medical School, publicó un artículo científico cuyo título no me resisto a transcribir: “Drink at least eight glasses of water a day.” Really? Is there scientific evidence for ‘8 x 8’?”, es decir “Beber como mínimo ocho vasos de agua al día. ¿De verdad? ¿Existen evidencias científicas que justifiquen el ‘8 x 8’?”. La recomendación “8 x 8” hace alusión a que cada uno de los 8 vasos debería tener, en teoría, 8 onzas de agua, es decir unos 200 ml de agua (que es lo que cabe, aproximadamente, en uno de nuestros típicos vasos de agua).

Su conclusión, tras revisar a fondo la literatura científica disponible, fue que, en adultos sanos que viven en climas temperados (es nuestro caso), no existen pruebas científicas que justifiquen que sea preciso beber ‘como mínimo ocho vasos de agua al día’”. Valtin citó algunas excepciones, como ciertas enfermedades, el ejercicio extenuante o la exposición a temperaturas ambientales muy altas, pero también mencionó algo importante: que es probable de que estemos tomando más agua de la que necesitamos.

Avancemos dos años y veamos la opinión del Instituto de Medicina de Estados Unidos […]

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