Artículo originalmente publicado en el blog de “La Sirena” (colaboré hasta 2015) en noviembre de 2015.

 

Es muy probable que nuestros hijos vivan menos que nosotros, y esto es así, en buena medida, a causa de las escalofriantes cifras de obesidad que existen en nuestro entorno. Y es que el exceso de peso, aunque no es una condena a muerte, incrementa las posibilidades de padecer una serie de enfermedades crónicas de mal pronóstico. Dado que un reciente estudio ha mostrado la realidad de las tasas de obesidad en Estados Unidos, es un buen momento para revisar, de nuevo, este factor de riesgo modificable.

Panorama aterrador

La palabra “aterrador” es la que utilizó el pasado 22 de junio la doctora Ling Yang para describir el panorama de la obesidad en su país. La doctora Yang, investigadora en la Escuela Universitaria de Medicina de Washington en St. Louis, también indicó que las tasas de obesidad en Estados Unidos no están disminuyendo, sino todo lo contrario. Sus palabras fueron recogidas en dicha fecha por el portal sanitario HealthDay, que la entrevistó justo después de que esta experta publicara, junto con el doctor Graham A. Colditz, el porcentaje de adultos con exceso de peso en Estados Unidos (JAMA Intern Med. 2015;175(8):1412-3). Un porcentaje del 75%, que se dice pronto.

La doctora Yang también declaró lo siguiente: “Esta generación de estadounidenses es la primera que va a tener una esperanza de vida más corta que la generación anterior, y la obesidad es uno de los mayores contribuyentes a esta menor esperanza de vida, ya que está generando una gran cantidad de enfermedades crónicas”.

Situación en España: nos acercamos

Se acaba de publicar un interesantísimo documento titulado “Informe Global de la Nutrición” (Global Nutrition Report). Se trata de una revisión coordinada por el Instituto de Investigación International de Política Alimentaria (International Food Policy Research Institute –IFPRI-) y en la que ha colaborado la Comisión Europea, entre otras organizaciones. Pues bien, en el informe leemos que cerca de seis de cada diez personas en España presenta exceso de peso. No es la situación que se vive en Estados Unidos, pero si tenemos en cuenta que nuestras cifras de obesidad van en aumento, entenderemos que nos acercamos peligrosamente al (aterrador) panorama que se vive en Estados Unidos.

¿Por qué “aterrador”?

Aunque una persona con obesidad no es en absoluto culpable de su dolencia, y aunque puede gozar de buena salud, sobre todo si sigue un buen estilo de vida, es preciso advertir que el exceso de peso supone un gran riesgo a nivel poblacional. Datos de la asociación americana del corazón (American Heart Association) revelan que la obesidad puede:

  • Aumentar el colesterol y los niveles de triglicéridos en la sangre.
  • Disminuir el llamado “colesterol bueno” (colesterol HDL). Unos niveles elevados de este colesterol están relacionados con un menor riesgo de padecer una enfermedad cardíaca o un accidente cerebrovascular. Lo contrario a lo que ocurre con el llamado “colesterol malo” (colesterol LDL).
  • Incrementar la presión arterial.
  • Producir diabetes tipo 2, o “diabetes del adulto”. Una vez instaurada, la diabetes hace que empeoren otros factores de riesgo, de ahí que el peligro de padecer un ataque al corazón sea mayor en quienes padecen esta enfermedad.
  • Causar cálculos biliares, artrosis y problemas respiratorios.

Sabiendo que en España presentamos unas muy elevadas tasas de obesidad, no debe extrañarnos, por tanto, que cálculos recogidos en el “Informe Global de la Nutrición”, antes citado, indiquen que el 10% de la población adulta española tiene elevadas las cifras de glucosa sanguínea (hiperglucemia), el 37% tiene demasiado alta la tensión arterial (hipertensión), y que el 56% presenta niveles de colesterol por encima de lo normal (hipercolesterolemia).

Pero el exceso de peso incrementa un riesgo más: el de padecer cáncer. Hasta diez de

los cánceres más comunes están vinculados con la obesidad, según una investigación llevada a cabo con más de 5 millones de adultos y publicada el 30 de agosto en la revista Lancet (Lancet. 2014;384(9945):755-65).

Mirémoslo al revés

Las cifras y los riesgos anteriores podemos enfocarlos también desde un punto de vista positivo, es decir, prevenir la ganancia de peso y seguir unos buenos hábitos de vida disminuirán notablemente nuestras posibilidades de sufrir patologías crónicas. Incluso perder unos cuantos kilos (siempre que no sea a base de “dietas milagro”) proporcionará beneficios de salud a toda persona con exceso de peso. La Asociación Americana del Corazón detalla estas razones para convencernos de la importancia de prevenir el aumento de peso:

  • Nuestra sangre circulará más eficientemente.
  • Nuestros fluidos corporales se administrarán con mayor facilidad.
  • Existirán menosprobabilidades de desarrollar diabetes, enfermedades del corazón, ciertos tipos de cáncery apnea del sueño.

Cuatro consejos y algunas reflexiones

Pese a que la obesidad es multicausal y no se puede abordar desde un único frente, a continuación detallo cuatro consejos a tener en cuenta si nos preocupa nuestro peso corporal:

1.- Huyamos del sedentarismo.

Como mínimo, los adultos deberíamos practicar media hora de actividad física. En el caso de los niños, el mínimo es una hora.

2.- Pensemos: ¿qué es comida?

La gran mayoría de las “calorías vacías” que consumimos a lo largo del año provienen de productos que nuestra bisabuela no reconocería como “comida”. Se trata de productos que conviene reservar para ocasiones especiales, no para el día a día.

3.- Cuanto menos alcohol, mejor.

Las bebidas alcohólicas, además de no ser saludables, pueden hacer que consumamos más calorías. No solo por la energía presente en el alcohol (7 kilocalorías por gramo), sino también porque estimulan el apetito.

4.- Bebidas azucaradas, el consejo es “evitarlas”.

Las entidades de referencia nos invitan a “evitar” el consumo de bebidas azucaradas (mal llamadas “refrescos”) por su indiscutible papel en la promoción de la obesidad a medio o largo plazo.

Sin duda, la solución a un problema de este calibre pasa por un mayor compromiso de los individuos, de la sociedad, de los profesionales sanitarios, pero sobre todo de los responsables políticos. Así, deben implementarse políticas que fomenten la actividad física y dificulten el sedentarismo, y que hagan más fácil comer saludablemente y más difícil consumir productos insanos.

No es solo mi opinión, es la de cualquier sanitario conocedor de la magnitud de esta situación, como es el caso del doctor Elliott Antman, presidente de la Asociación Americana del Corazón, quien considera que “Los políticos y funcionarios en los niveles federal, estatal y local tienen que generar políticas que se traduzcan en un aumento en el número de calorías que queman las personas y en una disminución en la cantidad de alimentos poco saludables que ingieren”. Y es que en algunas localidades puede llegar a ser más fácil desplazarse en automóvil que caminando o más barato consumir alimentos poco recomendables que comida sana.

Julio Basulto (@JulioBasulto_DN)

Dietista-Nutricionista colegiado

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